Es gracioso y odioso cuando quieres te empieza a gustar alguien, más cuando hay ciertos detalles que son lindos cuando lo piensas un poco (los detalles son lindos por naturaleza). Es muy tonto pero se siente muy lindo que ambos usemos nuestro segundo nombre, que la inicial de su nombre sea la primera letra de mi apellido que la inicial de mi nombre sea la primera letra de su apellido.
No he llegado al punto de hacer dibujos en las esquinas de la primera hoja de papel que se me ponga en frente ni he llegado a hacer cosas locas como vudú o brujerías --cosas en las que ni siquiera creo y no me parecen correctas, la verdad--, pero si algo es cierto es que no dejo de pensar en él. En temporada de exámenes finales estoy sin pensar en nada más que aquel chico que conocí el jueves 20 de junio del presente año, cuando me llamó por teléfono.
Se supone que me considero uno de aquellos que no creen en el destino. Ahora me veo y creo que el destino sí juega un pequeño papel en la manera como conoces a otras personas, pero uno es quien tiene la opción de llevar las cosas más allá o dejarlas ahí; en ocasiones ni siquiera es algo que se pueda decidir.
Estoy aquí, escribiendo sobre mi cama sobre un chico con el que quedé de llevar las cosas a la ligera y sin presiones y no puedo dejar de preguntarme si debería hablarle o esperar a que me hable. Algo en mí me dice "vamos, él está pensando lo mismo sobre ti", pero no sé si creerle. Debo dejar de "tratar" de relajarme y mejor debo concentrarme en el examen de mañana, en el del viernes y en mi cita con el dentista del sábado.
Si quieren verme justo ahora, imaginen que me cubro la cara con una almohada para ahogar un intenso grito. Tal vez no lo esté haciendo en este preciso instante, pero así es como estoy por dentro. La verdad es que estoy emocionado por todo lo que está pasando, pero al mismo tiempo tengo miedo que él me llegue a importar tanto y lo pierda de repente.
De nuevo, siento que estoy yendo demasiado lejos con las cosas. Una cosa es repetirme que necesito dejar de complicarlo todo dentro de mi mente y otra cosa es en realidad hacerlo, ¡es prácticamente imposible para mí! Sin embargo, si quiero vivir una experiencia en donde mi verdadero yo va a ser partícipe de ello, debo olvidarme de lo que no me sirve del pasado y dejar de adivinar el futuro, pues puede que por eso me esté perdiendo del presente.
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