Me gusta engañarme pensando que no me interesa lo que los demás piensen de mí. Ese ha sido un tema de discusión recurrente en los últimos días, siendo mi cabeza la afectada por los dilemas y la sede donde los debates toman lugar.
Digo, si no me preocupara tanto lo que los demás piensan sobre mí, ¿cuál es la verdadera razón por la que reviso mi página de facebook a cada rato, entonces? En ocasiones lo hago mientras escribo en este blog y me molesta mucho darme cuenta de que lo hago, pero me siento como un drogadicto cuando intenta rehabilitarse mientras le ponen su adicción a su alcance. No siento que sea adicto a la aplicación en sí, sino a la respuesta de ciertas cuestiones, como "¿alguien me habrá enviado algún mensaje?", "¿tendré una notificación?", "¿y si alguien publicó algo sobre mí?", "¿quién lo habrá visto?", "¿cómo reaccionarán los demás?", cosas por el estilo.
Claro, trato de olvidar mi inexistente dolor con mi alta exposición a series de televisión, películas y cosas imaginarias. Eso no me ayuda, sólo me arrincona en una esfera de surrealidad y en un mundo imaginario tal y como lo describen los horóscopos de mi signo zodiacal, pero me sirve para alejarme de la horrible realidad que me rodea.
Muchas personas sé que dirían "qué rayos, ¡vives bien y todo! Si dices que sufres es porque no tienes el coraje para controlar tus emociones o para dejar de crearte problemas de la nada" y puede que sea lo correcto. Mis padres creen que no duraré cinco minutos en el mundo real porque alguien se aprovechará de mi ingenuidad, creo que no tendré el valor de decirle al chico con el que salgo que no lo quiero hasta que a él le duela y tengo el presentimiento de que fracasaré en esta vida y en mis siguientes reencarnaciones.
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