25 mayo, 2014

Nada más.

En estos últimos días me comienzo a dar cuenta del significado de este espacio. Aquí escribo todo lo concerniente a los detalles más privados e íntimos de mi vida: mi sexualidad y lo que ello ha conllevado, lo que siento respecto a ciertas cosas y situaciones, lo que he vivido con otras personas y conmigo mismo.
Me doy cuenta del valor de cada una de las palabras que he tecleado en este pequeño blog y es abrumador saber que, aunque es una página bastante impopular, alguien podría destruirme con toda la información que está aquí.
Quizá la amiga con quien más convivo en mi actual grupo no sabe sobre mi debilidad por las canciones de rock/pop de las décadas de los ochentas y los noventas, pero algún desconocido que haya llegado a mi página puede enterarse qué siento cada vez que me enamoro de alguien.
He estado tentado a eliminar cada rastro de este espacio, desaparecerlo para siempre. Sin embargo, no puedo. No tengo el alma como para borrar del espacio virtual mis pensamientos más oscuros. Claro, tengo un diario (que escribo muy esporádicamente) donde en verdad están los pensamientos oscuros, pero no porque un blanco sea más blanco que otro los dos no son blancos.
Este espacio seguirá. Oculto entre las sombras y actualizado irregularmente. Quizá con el tiempo lo tenga que dejar, aunque es mucho más probable que vaya quedando en el olvido poco a poco. Aún así, tendré la esperanza de que alguien ría, llore, piense o sienta algo mientras lo lea, así como río, lloro, pienso y siento cuando lo escribo.

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