La parte más extraña de cuando me gusta alguien, es cuando me doy cuenta de que mi humor no depende de mí. Estoy feliz por cinco minutos porque me contestó. Me desespero un buen rato por creer que le contesté algo inapropiado. Me enojo porque siento que me ignora. Vuelvo a ser inexplicablemente feliz cada que escucho su voz.
No me agrada que me guste tan rápido. No lo conozco en persona todavía, a pesar de llevar desde el cuatro de mayo del presente año enviándonos mensajes y notas de voz.
En ocasiones siento que no le gusto. En ocasiones me digo "eres un tonto por pensar eso", sobre todo cuando responde con algo sutilmente lindo.
No lo conozco todavía lo suficiente como para dar un verdadero veredicto, pero vaya que me comienza a gustar.
Para empezar, es diferente. Claro que cada persona es muy diferente a las demás, pero con él incluso algunas convenciones que suceden al conocer a otras personas se han tenido que destruir, y me han llevado a la improvisación.
Hasta ahora, el chico me agrada porque me inspira a estar un paso más adelante de donde estuve antes. Me doy cuenta de que, a pesar de ser emocionalmente autosuficiente, me impulsa a ser yo mismo, me guste o no.
Me da mi espacio (en ocasiones bastante, debo decirlo), es muy ingenioso y atento, y podría durar horas platicando, no importa que sea describiendo la digestión de los alimentos que he ingerido.
Está bien, falta saber si en realidad le gusto, si en verdad él podría ser el chico que pueda coexistir conmigo. Se perfila para serlo.
Claro, conozco menos del 40 % de él. Sin embargo, entre ese menos del 40 % he encontrado defectos interesantes, virtudes intrigantes y, aunque lo dude cada cinco minutos, parece que siempre está ahí, aún cuando no de señales de vida.
Quizá deba permitirme por esta vez ser feliz porque encontré a un chico que es extrañamente lindo y agradable, sea real lo que está sucediendo o no. Puede ser. Lo que sé es que no siento la necesidad de pensar demasiado las cosas con él, ni de cubrirme bajo una oscura máscara, y tampoco quiero intentar ser alguien mejor. Sé que no necesito ser alguien mejor. Y eso es curioso que suceda.
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