25 abril, 2018

5. La sobrina que no es pariente.

Compartí amistad con una compañera de mi misma carrera. Ambos vivimos en el mismo pueblo, por lo que tomábamos el mismo transporte, y como ambos estuvimos en el mismo salón y tuvimos el mismo horario vespertino, siempre nos apuramos para estar a tiempo y alcanzar a regresar de la ciudad al pueblo.
También compartí con ella muchos momentos de su embarazo. Quizá porque nada más coincidió que estuvimos el uno con el otro, compartiendo butacas y asientos de combi, pero sí creo que fue más la confianza que nos empezamos a tener al convivir con esa regularizar.
Muchos dirían que ni tanta confianza porque nunca ha escuchado de mi boca que soy gay, y es que nunca he podido. Por el montón de cosas que publico en mi cuenta de instagram ya lo debe saber, pero nunca he tenido el valor de sacarlo a la luz estando con ella.
"Conocer a una persona nueva implica salir del clóset una vez más", lo dijo no sé quién. Le faltó agregar que darte a conocer como en verdad eres implica salir del armario con mucho más bagaje emocional.
Cómo sea, adoro a mi sobrina –la hija que tuvo tras ese embarazo–, y es muy bonito que una niña que me ha visto quizá diez o quince veces en su vida se acuerde de mi persona, de su tío Raúl.

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