20 abril, 2018
2. El día de la comadre.
A partir de aquí empecé a querer entender que el mundo es uno y las publicaciones virtuales se tratan de otra cosa completamente distinta.
Reconozco que recibí atención no tanto porque fuera una buena fotografía, sino porque es el tipo de publicaciones que el ente "instagram" te celebra bastante bien. Dos personas disfrutando, bien vestidas, en un evento para el que se parece haber invertido buen dinero... es una fórmula convencional para llamar la atención sin tanto esfuerzo.
Con todo eso, disfruté mucho de la boda de mi comadre. Recuerdo que llevé de invitado a un amigo –aquella vez era la segunda vez que coincidimos en persona, ahora ya es de mis mejores amigos–, que fue el reencuentro de amistades que no había visto en meses y que en general el ambiente de la fiesta fue de amor y celebración, tal como se veía que disfrutaron los novios de su velada.
Me dio mucho gusto acompañar a una persona muy querida en su día especial, en que decidió comprometerse en cuerpo y alma a compartir su vida con el hombre que ella eligió para ello.
Quizá no mantengo tanto contacto con ellos como quisieran, pero atesoro muy buenos recuerdos de ellos, y ambos se convirtieron en una de las amistades más sinceras que siento que atesoro.
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