Hace rato estaba discutiendo con un amigo por chat mi eterno trauma que tengo con el chico que conocí por chat y a los cinco minutos ya estaba más confundido que el perro de Pavlov. Tras una serie de comentarios, consejos, risas y demás, mi amigo decidió concluir la conversación escribiendo de manera irónica "tu crush", dándome a entender que en realidad se trataba de un enamoramiento.
—Me entristezco porque me intereso tan de la nada —respondí cómicamente.
—¿Lo conoces en persona?
—Eso es lo perturbador de la situación.
—Ya veo.
"¿Qué demonios?", me dije a mí mismo, "¿por qué no puedes ser una persona un poco menos fuera de lo común y apuntar hacia objetivos que mínimo he visto en persona al menos una vez en mi vida?". Por primera vez en la vida sentí que tenía razón en un pensamiento, pues mi cabeza puede ser tan normal como un capítulo de una telenovela mexicana o tan bizarra como cualquier programa dirigido a niños menores a seis años.
"Reflexiona las cosas antes de hacerlas, por favor", y mi cabeza seguía intentando hablar con el resto de mi cuerpo, como si fuera a ser escuchado, "y hazme el favor de interesarte en las personas una vez que las conozcas. Analizando mi pasado de manera cínica puedo darme cuenta que hay más malinterpretaciones en mi mente que en la primera mitad del libro Orgullo y Prejuicio.
Sólo en este año me he formado concepciones erróneas de dos personas (y ambos casos terminaron en decepciones y rupturas algo dramáticas o cobardes, véase por donde se vea), me interesé por un chico con quien sólo había intercambiado unas cuantas palabras y medio vaso de una bebida alcohólica para después darme cuenta de que en realidad no hubo interés desde un principio y ahora estoy intrigado porque un chico está reaccionando adecuadamente ante una persona que no conoce y que intenta hacer contacto con él.
Y al final llego a darme cuenta que mi cabeza tiene un espacio que está en constante espera de "enamorarse", como si tuviera la única función de tener a alguien en quien ilusionarse y poder seguir sintiéndome como un caso perdido de sentimentalismo extremo. Creo que Mario Benedetti me hizo el favor de una vida al escribir esta frase (que naturalmente no la escribió para mí) y resumir mi vida amorosa entera en unas cuantas palabras. Y, no sé por qué, eso me provoca sentir lástima por mí mismo.
"En realidad usted fue siempre una imagen. La imagen que creé a partir de un conjunto de anhelos, de deseos incumplidos, de pequeños fracasos. Así ingresó usted a mis insomnios".
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