No es secreto que guardo escritos por doquier. Mis cuadernos están llenos de ideas que tengo sobre historias, entradas de blog y hasta poemas o dibujos, y a veces tengo que borrarlos para que mis maestros no los vean. La aplicación que más utilizo en mi celular es "Notas". Escondo papeles entre libros, cajones y roperos, todos con algo pequeño que anoté para que no quede en el olvido. Tengo unos cuantos cuadernos dedicados específicamente para ello, aunque normalmente comiencen siendo libretas de notas escolares.
Había perdido hace tiempo uno de esos cuadernos. No me dio importancia porque recordaba que su contenido no era revelador ni delatador. No me preocupé.
Esta mañana, cumpleaños de mi mamá, me sentí mal porque no alcancé a mi progenitora para darle un abrazo antes de que fuera con mi papá a un curso sabatino, así que me dediqué a limpiar, comer, ir a la tienda en pijama por unos encargos de mi hermana y ver Doctor Who con mi hermano.
Estaba pasado mi rato de ocio en mi computadora portátil, la cual de repente decidió que descargarse sería una gran idea.
Iba caminando por las escaleras, subiendo sin preocupación alguna, pensando en conseguir el cargador rápidamente.
Volteé hacia mi derecha y vi que estaba el espacio desordenado donde tenemos la gigantesca computadora de escritorio y las dos impresoras: la adicta a la tinta y la generosa que utilizamos con frecuencia.
Arriba de esta última estaba mi cuaderno perdido.
Me acerqué para asegurarme si era el cuaderno que perdí o no, y vi que estaba abierto. Era mi extraña letra particular, y al decodificar los garabatos te encontrabas con el relato de cómo me sentí antes de declararme ante el chico del que me enamoré cuando estaba en primer año de mi carrera.
Si no saben de qué (o de quién) hablo, no los culpo, al parecer tengo la vida promiscua que siempre temí vivir, pero lo sucedido con ese sujeto me dio la inspiración suficiente como para describir cómo me sentía cuando platicábamos juntos durante los ensayos de música, las emociones que surgían en mí con pensar en el roce de sus dedos sobre mis manos y las descripciones secretas de las fantasías (no sexuales) que tenía con él de protagonista.
Eso es lo que precisamente se puede leer en un perfecto español con lo que está escrito en ese cuaderno, el cual estaba colocado en un lugar muy concurrido por mis padres. De hecho, puede que mi papá haya encontrado el cuaderno anoche, cuando le ayudaba a buscar un cargador.
Terminé encontrando su cargador, y él dio con mi cuaderno.
Estoy casi seguro de que lo leyó, y que lo dejó ahí, en ese lugar, para darme a entender que él ya lo había leído.
No creo, sin embargo, que mi mamá sepa de eso. Se veía bastante feliz cuando llegaron a casa. Despreocupada, contenta por ser el día de su cumpleaños. Se ve feliz, mi señora mamá. Pero mi papá, en el par de palabras que intercambiamos hace cinco minutos, evitó el contacto visual.
Trataré de controlarme y evitar explotar hoy frente a las personas que vengan a felicitar a mi mamá. Tomaré un baño y pondré mi mejor cara, la cara del hijo que mis padres siempre desearon tener.
Procuraré que el nuevo escondite de mi cuaderno sea más adecuado, porque no creo que otro accidente así tenga resultados alentadores. Y trataré de descubrir si mi papá sabe la verdad o no. Esa es la verdadera cuestión que cambiaría toda mi vida, lo quera o no.
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