24 abril, 2014

Estrellas.

Querido diario de un chico que regresó a escribir en su diario físico, pero recordó que tenía un blog en coma: no quiero escribir la historia otra vez, pero he escrito muchas estupideces en conversaciones dirigidas hacia un chico que pudo ser un potencial interés amoroso, pero lo arruiné lo suficiente como para evitarlo a toda costa. Para no perdernos en descripciones (no lo conozco en persona), llamémosle el chico Caótico.
Lo conocí en grindr, la aplicación donde conoces a otros chicos, y resumiré mencionado que tuvimos una conversación explosiva y sensual, hablando de masturbación, fotografías de penes y chistes de doble sentido.
Me sentí increíble, a pesar de las temáticas tratadas, pues me respondía con un ingenio y un humor único, utilizando un vocabulario más extenso que la mayoría de las personas de grindr o de mi grupo en la escuela. Ya con eso se había convertido en alguien especial. Y me doy cuenta, con ello de lo inseguro que puedo llegar a ser.
Para empezar, ni siquiera sabía si sería capaz de volver a escribir en mi vida porque eso implicaba volver a tratar conmigo mismo. Todavía soy un caos por el momento, y no estoy seguro de estar listo aún de relatar lo sucedido, así que comenzaré mencionando que anoche quería escribir sobre el cielo.
Recuerdo que estaba platicando con mis dos mejores amigas, nombrémoslas Alta y Roja, y ellas me contaban de lo que les había sucedido últimamente. Viajes, chicos, sentimientos, emociones, experiencias... todo lo platicábamos, discutíamos y cuestionábamos entre nosotros tres.
Llegó el momento de hablar, de describir lo que me había sucedido gracias a grindr:
"Básicamente conocí a un chico que me está gustando bastante, pero siento que no sucederá nada porque tengo la sensación de que él cree que soy alguien que en realidad no soy... y no sé por qué siento que me está afectando más de lo que debería... pero me preocupo porque, de alguna manera, sé que quisiera ver un mensaje suyo... y al mismo tiempo no lo conozco en verdad ni lo he visto en persona, y siento y presiento que arruiné todas mis posibilidades que pude haber tenido de que él accediera a salir conmigo porque estoy comportándome como un acosador..."
Dejé de hablar porque me di cuenta de que no tenía pies ni cabeza lo que estaba diciendo. Tenía una lágrima corriendo por mi mejilla izquierda y otra queriendo aparecer por mi derecha, pero no notaron éste detalle, porque ya era de noche y caminaba por detrás de ellas mientras les contaba.
"Amigo", comenzó Roja con cautela, "entiendo por qué estás así, pero... no veo cuál es el problema".
Luego, mientras acompañaba a Alta a su casa, estuve platicándole de los detalles de cómo se dio el caos, una vez que el primer chico con el que salí parecía interesarse por mí de nuevo, cómo otro chico siempre ha insistido en salir conmigo cuando ambos sabemos que no estaría bien y de mis sospechas sobre una amiga que parece mostrarse sospechosamente amistosa conmigo.
"Debes decirle a ella la verdad", me dijo Alta.
"Lo sé", respondí, "es sólo que me abruma bastante".
Asintió.
Me detuve a pensar un poco sobre lo que estaba platicando y me vi como ese tipo de personas detestables, arrogantes e hipócritas que viven de inventarse problemas a diario. Me di lástima, en verdad.
"¿Y qué pasa con el chico ese?"
"¿Quién? ¿Caótico?"
"Sí, con ese", dijo mi amiga. "¿Qué sucede?"
"Pues, lo conocí por grindr".
En sus ojos se notaba la decepción. Sabía que las comisuras de su boca se elevaban un poco con tal de hacerme sentir mejor pero, aún así, en sus ojos podía ver que se preocupaba por mí.
"Ya sé que dije que no entraría de nuevo a esas páginas y todo eso", comencé, "pero quise entrar a ver si encontraba a alguien con quién platicar... que fuera, tú sabes... un chico a quien le gustan los chicos".
"Deberías conocer gente en persona".
En este momento es fácil para mí responder que no es tan sencillo encontrar personas así en este mundo detestable. Además, ¿dónde demonios espero encontrar personas que tengan ciertas similitudes conmigo? ¡No hay librerías, cines ni cafés en este pequeño agujero del infierno que es mi pueblo! Salgo de fiesta alrededor de dos veces al año. Vivo a cuarenta y cuatro kilómetros de la ciudad, y sólo puedo viajar de cinco y media de la mañana hasta las ocho de la noche.
Claro, en ese momento, callé. Era la verdad; no podía continuar atormentándome porque conozco personas a medias, pues todos, en esas redes, estamos protegidos por una máscara que, como dice un amigo, hace sencillo hablarle a alguien de la nada e ignorarlo sin razón aparente.
Caótico, hasta este momento, por aparentes razones que tengo escritas en mi mente y en papel, me ve como un chico que sé que no soy, creo. Esa es otra maldición de las máscaras. Puedes, hasta cierto punto, saber quién eres, pero no sabes quién creen que eres hasta que conoces a quien hace los juicios.
Hasta el momento, hemos tenido cerca de seis conversaciones, todas comenzadas por mí. Me siento como un idiota al haber iniciado cada una de ellas, y me sentía peor cada vez que le volvía a hablar. Me vi como una persona irritante, molesta. Tenía que haber una razón para que no me hablara, y por dentro de mi ser no quería aceptar que se trataba de que simplemente no quería hablarme.
Pasaron dos días después de la penúltima ocasión que hablamos y sabía que no me hablaría quizá jamás. Antes de este periodo de no estar comunicado con él, contrario a mi razón, le di a entender que disculpara si era molesto, pero que me había parecido que él era una persona interesante. Escribí más cosas y, cuando lo envié y lo releí, lo sentí como mi sentencia de muerte.
¡¿Hasta qué punto había llegado?! Me odié y juré odiarme hasta la eternidad. ¿Por qué? Porque sentí que había quedado como un estúpido frente al chico. Ahora me detengo y pienso: "¿qué culpa tiene el pobre diablo de estar entre un desquiciado y sus problemas mentales y de identidad?", pero en el momento era una cuestión de vida o muerte que él lo tomara bien.
Me respondió: "no te preocupes, no me molesta", y no supe cómo sentirme al respecto.
¿Bien porque me contestó de manera positiva? ¿Mal porque lo dijo por cortesía?
Ya era momento de abrir los ojos.
"¿Qué estás haciendo?", me pregunté.
Conocí a un chico, regresé a facebook, estoy teniendo un ataque de pánico masivo por una razón extraña e irracional, no sé por qué me pregunto "¿qué debo hacer?" cuando creo que no hay nada qué hacer, estoy creando problemas de la nada, me siento preocupado y... me di cuenta de que había tomado "un tiempo" para pensar, relajarme, alejarme de las presiones que propician las redes sociales, leer y escribir, ser una mejor persona, conocerme a mí mismo en realidad; y en realidad no hice ninguna de esas cosas (bueno, sí leí y escribí un poco).
El problema no fue nunca el haber conocido a un chico que "cubría con los requisitos preestablecidos". El problema es el concentrarme en mí todo el tiempo, y no en siquiera tratar de lograr aceptarme.
En estos últimos meses me he sentido más necesitado, más infeliz con mi cuerpo, más grosero, indecente, ineficaz e ineficiente, inservible, irreparable, desesperado y frágil; y veo que esos problemas no existen porque estaba en facebook o grindr, ni porque aún me duele que hayan cambiado las cosas con mi mamá, o que mi hermana en ocasiones parezca querer gritar que soy gay, ni temer que mi papá lo sepa, o ser débil ante los de mi maldito grupo de la escuela.
Todo eso y más existe simplemente porque soy yo mismo el que se está hundiendo en su propia tumba, el que se golpea cada vez que siente que hace algo mal, el que se rechaza cuando no se siente bien, el que corre cuando cree que no podrá con algo, el único que se destruye cuando lo que más necesita es ponerse de pie. Y todo ésto, ahora me doy cuenta, hubiera sucedido igual si no hubiera desaparecido de las redes sociales.
Ahora veo que estoy aprendiendo a aceptar la desesperación como parte de mí; como algo que no se irá porque está ahí para mantener un equilibrio; algo que sé que, si lo acepto, será algo bueno, porque sabré que hay algo desesperado en mí que me hace actuar como un loco, y no seré una persona que actúa desesperadamente para ocultar su desesperación.
Sé que no podré levantarme siempre que caiga, pero al menos estoy aprendiendo a mirar al frente. Veo que hay cosas tóxicas en mi vida que necesito retirar en cuanto pueda, y duele pero también necesito dejar de verme como mi peor enemigo. ¿Cómo puede ser que la persona que más me conoce es quien más me detesta?
Miles de veces he escuchado y dicho la frase "¿cómo esperas que alguien te quiera si tú no te quieres a ti mismo?". Me gustaría conocer a alguien que me quisiera por quien soy, pero es más importante para mí hacer las paces conmigo para dejar de declararme la guerra. Al final de cuentas, la única persona que siempre estará conmigo será yo mismo, y si vivo mis días como los últimos días, entonces mi vida consistirá en una eterna cuenta regresiva, esperando a que la muerte llegue pronto y sin dolor.
Por estas razones que no me atrevía a escribir desde unos días que se sintieron como años, ayer tuve la peor noche en mucho tiempo, y la mejor noche que pude haber pedido.
Había acompañado a mis amigas en sus casas y sólo quería llorar hasta arrancarme los ojos. Sentí que, por primera vez en mi vida, hacerme daño no dolería, que dejar todo a la deriva sería la mejor decisión de mi vida, que no valía la pena nada.
Caminé hasta el campo porque ahí sentí que habría un lugar para mí. Temí un poco porque estaba claramente obscuro -eran las nueve de la noche-, y porque creí escuchar personas por ahí, pero encontré un lugar seguro donde podría sentarme a desahogarme.
Mirando a mi alrededor, observé que es justo ahí donde me había sentado una vez, un año atrás, cuando tuve una conversación de una hora con un chico. Donde voy con Roja a compartir cómo vemos al mundo que observamos, y donde le dije que soy gay, a lo que respondió con un abrazo. Donde me sentaba después de intentar hacer ejercicio sin éxito. Donde he leído varios libros y donde trato de adivinar qué estarán pensando las personas que corren frente a mí.
Miré hacia arriba y aprecié por primera vez en años que el cielo parecía un infinito cóncavo, lleno de estrellas que iluminaban el profundo manto cubierto de azul oscuro. Hacía cuánto tiempo que no contemplaba al cielo. Y no me refiero a voltear hacia arriba para asegurarme de que había estrellas y una luna, sino a apreciar todo lo que se encontraba por encima de mi cabeza.
Había miles y miles de estrellas, pero desde donde estaba en ese momento, sentí que sólo apreciaba cientos de ellas. Había un grupo de estrellas apagadas a mi izquierda, tres estrellas muy brillantes al norte, oriente y suroeste. También recuerdo a una constelación, con forma de una plancha con una antena torcida, estando de cabeza; sonreí de pensar en ella.
Busqué formas en el cielo y jugué con esas estrellas. Me dije: "mira, esas estrellas pueden brillar en la oscuridad", y me respondí con una sonrisa. Es gracioso sentir que te encuentras perdido, cuando, como el cielo, sabes muy en el fondo que sabes dónde encontrarte siempre.

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