Esta historia la terminé de escribir hace como cinco segundos. Acabo de llegar del campo que se menciona y vi a un chico muy lindo, lo cual sirvió de inspiración para mi historia, además de que dejé sacar mi lado bitch porque ver la serie Popular me ha lavado el cerebro.
Maldita Sea
Me llamo Nicolás y soy un hijo de puta. No sé por qué me pusieron ese nombre de marica, pero sobrevivo con el apodo de Nick. Me da igual que piensen que soy un estúpido, un tarado o un creído. Lo soy. Lo que tiene que hacer uno para conseguir ser el más popular de la escuela. Qué va la escuela, de todo este lugar de mala muerte.
Todos me conocen. Todos desearían ser yo o cogerme. Excepto yo (bueno, cogerme no estaría tan mal ya que lo pienso). ¿Por qué diablos no quiero ser yo? Porque conocí a Sam. Y para acabarla de chingar no conocí a ninguna Samantha, sino a un Samuel.
El otro día no fui a la escuela, total que sale lo mismo ir o no ir. Me fui al campo con tal de que no me estuvieran molestando mis papás en los periodos de cinco minutos que están en la casa. Ya era un poco tarde para caminar (las nueve de la mañana) y el sol estaba haciendo estragos el clima. Uno está en el puto mes de diciembre y espera un poco de frío, pero voy al famosísimo centro deportivo al aire libre, compuesto por un par de canchas y muchos árboles, y está haciendo un calor del demonio.
Estaba a punto de irme, pero vi que había alguien sentado en una de las supuestas gradas que habían construido para que la gente pudiera ver juegos de base ball. Hasta le pusieron una malla de metal para que las bolas no golpearan al público y no fueran llorando a demandar al ayuntamiento.
Pues se me ocurre pasar por el maldito camino y ahí estaba el mentado Sam sentado. Ya lo había visto pero no lo conocía, para mi grata suerte. Pasé y estaba viendo su celular fíjamente con tal de ignorarme, pero si había algo que no se podía olvidar era que tenía un bulto en sus pantalones. 'Es sólo el doblez de los jeans' pensé. Pues cuando se movió un poco, me di cuenta que tal doblez de los jeans resultó ser una erección. Era una cosita, nada grande, pero era una erección y no me di cuenta que me había quedado fíjamente mirándola hasta que se dio cuenta que lo estaba viendo y se cubrió con las manos.
No me reí ni hice ningún comentario sarcástico como suelo hacer. Incluso dicen que soy muy inteligente porque puedo responder rápidamente con un comentario a lo que sea que me digan. Bueno, al parecer soy más vulnerable en el lado visual porque me quedé ahí congelado sin saber qué decir. Maldita sea, me le había quedado viendo al pene de un tipo. ¡Y ni siquiera era grande!
'¿Cómo sabía que no era grande?', se pueden preguntar, pues les responderé diciendo que para penes el mío. Aparte de que veo porno. Normalmente salen pendejos cogiéndose a las putas, a menos de que sea una escena lésbica. Y en este momento me doy cuenta de que he estado hablando mucho del maldito pene de un tipo.
Vaya cosas, ¿no? Después de salir con un montón de mujeres y de hacerlo hasta dejarles la vagina floja me le quedo viendo a un tipo y a su pene. Claro, después de unos incómodos minutos de silencio se observaba que la mencionadísima erección a la cual parece que le quiero hacer un monumento estaba desapareciendo.
'Bueno, da igual ¿no? Le ví la erección a un tipo y no va a cambiar nada'. Eso era lo que pensaba, pero no soportaba haberme quedado callado. Nunca. Incluso en este momento estoy pensando en miles de cosas como "Disculpa por interrumpir tu paja del día", "Hay lugares para eso, ¿sabes?", "¿Estaba ocupado el baño en tu casa?" o hasta "Este es un lugar público, pajero" pero no dije nada. En lugar de eso lo miré directamente a sus ojos. Ojos temerosos pero que tenían otra emoción detrás de ellos. Nunca había visto aquello en unos ojos.
Lentamente se acercó a mi, con aún un tercio de la erección que tenía al principio. Me miró de arriba hacia abajo y lo que hizo a continuación fue besarme. Está bien, seré sincero, yo le di el estúpido beso. Y qué. Me sentía solo. Ser un hijo de puta hace que estés solo en todo momento, y el hecho de que un extraño te de un apasionado y cariñoso beso hace que te sientas... ¿bien?
No sé como sucedió todo eso, pero se sintió excelente, maldita sea. Ninguna vieja me había dado un beso así. Hasta se me paró, bueno, a ambos. Terminé tan excitado que tuve que jalármela ahí mismo, en un rincón donde nadie me pudiera ver. Bueno, donde nadie nos viera, porque terminé haciéndole la paja y él terminó mamándomela. Hasta terminé dándole mi número, chingada madre.
Ahora, lo único que me pregunto es cómo pasó todo eso y cuándo lo volveré a ver.
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