¿Hay algo mal en mi?
¿Existe alguna cosa que pueda cambiar para que todo mejore?
No sé por qué me pregunto eso. En ocasiones me doy cuenta de que la gente puede responder sencillamente cualquier cuestión sobre sí mismos. Es graciosamente rápida la respuesta que obtienes cuando le preguntas a alguien por su música favorita, sus películas preferidas o hasta cuál es la comida de la que nunca se enfadarían. Veo que las personas duran menos de cinco segundos para responder las tres. En este caso, puede que mientras las leen las estén respondiendo en su mente. Y yo no puedo contestar ni siquiera una sin pensarlo por más de un minuto. Es algo que no sólo me molesta. Va más allá. Me hace sentir decepcionado.
Todo salió a flote ahora mientras veía la película de The Perks Of Being A Wallflower. Casi había terminado de leer el libro, pero moría por ver la película y valió la pena. Sin embargo, siento que si hubiera leído el libro hubiera entrado en una especie de trance emocional por las similitudes que tengo con Charlie, excepto que no me han acosado sexualmente ni me gustan las chicas.
Charlie y yo somos dos personas que tratan de hacer lo que pueden para mejorar la vida de los demás hasta llegar al punto de dejar de lado nuestro bienestar. ¿Por qué? La respuesta de Charlie no la sé, pero la mía es porque es más fácil para mi encargarme de hacerle la vida mejor a alguien más. Se siente mejor, estoy haciendo algo por alguien, me siento bien... creo.
He llegado al punto en el que mi persona requiere atención a gritos. Ya no sólo de forma emocional, sentimental, psicológica o como quieran llamarle, sino que necesito también prestarme atención de forma física.
Tal vez no llego al punto de tratar de terminar con mi vida cortándome las venas, bebiendo veneno o saltando desde algún lugar lo suficientemente alto como para morir, pues eso implicaría dolor y yo lo que busco es una salida, no más dolor. Extraña razón, puede ser, pero el miedo al dolor físico es lo que me ha mantenido con vida.
Aún así, me estoy asesinando. Tengo tanto sueño que mientras me lavaba los dientes hace unos cuantos minutos sentía que no podía mantenerme de pie, que veía cómo todo giraba junto con la tierra, como si estuviera ebrio. A veces como demasiado y a veces como lo suficiente como para llegar a la siguiente comida. Me alejo lo más que puedo de quien me quiere ayudar de una que otra forma y después, cuando me doy cuenta de los errores que cometí, me castigo tan duro que no soporto ser yo.
Ya no me concentro en nada, ni en las cosas que me gustan. Lo único que pudo mantener mi atención fueron esa película y otra llamada Pitch Perfect (bastante buena e hilarante, por cierto) y aún así hubo momentos donde me desconectaba de nuevo y comenzaba a divagar entre la oscura laguna de mis pensamientos prohibidos. Un lugar donde a mi lado consciente no se le permite entrar. Es una tumba donde guardo todo lo que no quiero sacar a la luz, pero al igual que si fuera una persona con vida, no sabes con certeza si pueda llegar a ser escuchada o si logre escapar de esa fosa llena de tierra y de ganas de olvidar.
Tengo que llegar a esa tumba y desenterrar a todas las almas que nunca me permití ver a la cara. Necesito saber qué es lo que hay ahí exactamente y dejarlos partir de forma apropiada. Necesito saber qué es lo que esconde mi interior para protegerme o para arruinarme la vida, pero, siempre que estoy a punto de alcanzar esos recuerdos de nuevo, aparece una sombra que me ciega por completo y que me impide avanzar hacia allá.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Deja tu comentario, opinión, duda, queja, respuesta o comienzo de conversación a continuación: