13 diciembre, 2012

Encerrándome cada vez más (saliendo del closet ante mí).

Dejando mis tareas escolares de lado, he decidido sentarme en el piso de mi habitación y hablar. Tengo que limpiar, cenar, planchar, recoger, hacer tareas y muchas cosas más, pero en este momento prefiero estar aquí escribiendo mientras escucho un estridente sonido de un extraño silbato que alguien o algo hace sonar en la calle.
Hoy me confesé. Estaba en la iglesia junto a un primo, ambos estresados por el hecho de contarle tus más preciados secretos a una persona a la que, sinceramente, no le incumbe nada de lo que dirás, y esperábamos nuestro turno junto con un grupo de adolescentes y unos cuantos señores.
Estábamos en una sala de espera (la iglesia), la cual me sorprendió porque era más callada que una biblioteca, hasta el momento en el que un joven decidió sacar su guitarra y tocar y cantar unas cuantas canciones religiosas. Tocaba con tal sentimiento que hasta yo podía darme cuenta que si alguien le decía que debía morir por el señor, se suicidaba lo más pronto posible sin preguntar por qué. Ahí me di cuenta de que yo no pertenecía a ese lugar, lo cual se reafirmó al final de la confesión.
Después de esperar un rato, pasé con el padre, quien era una persona activa y hasta cierto punto ruda, lo cual me agradó para ser un religioso. Tomé asiento y me dijo que me acercara más (como si hubiera estado a diez metros de distancia), orden que acaté y me acerqué tanto como pude sin llegar al límite permitido por mis retorcidos valores éticos y por mi burbuja personal.
Todo iba muy rápido y hablaba con gran velocidad, pero cuando dijo que le confesara todos mis pecados me quedé helado. ¿Qué le decía al tipo ese? ¿Que me había tirado a un tipo, que había besado a un chico con el que no andaba y que no me gustaba, que veía pornografía de vez en cuando y que mentía y le ocultaba todo esto a mi familia y amigos? No gracias, opté por una salida menos peligrosa y terminé "diciendo todo sin decirlo realmente".
Iba mejor de lo que esperaba. En realidad estaba sintiendo que la confesión tenía un efecto liberador en mi, hasta se sintió bien. Claro, cada rosa tiene espinas, sólo que esta vez resultó que la rosa no era una rosa, sino que era un puño de espinas pintadas de rojo. Fue un alivio saber que el señor decidió convertir mi escondida y dolorosamente honesta confesión, pero sentí una gran traición cuando dirigió todo hacia el hecho de que me estoy alejando del "camino". El camino lo perdí en el momento que tuve memoria racional.
De alguna forma, me enojó que dijera que dios es el camino y que tratara de persuadirme a unirme a su batallón contra las almas perdidas que no tienen fe en sus corazones. Como quasi-maestro observo que es importante que las personas, ya sean niños, adolescentes, adultos u otros, es importante que se tenga cierta espiritualidad. Puede incluso lograr que una vida tenga sentido, pero no he encontrado seguridad o comodidad en estos grupos religiosos. Y no sólo hablo de la seguridad y comodidad al propagar "su palabra", sino que han ayudado a que seguridad y comodidad sean dos extraños conocidos para mi.

Ian escribe...
(Es decir, me fui por un par de horas y siento que mi humor cambió o que otra persona dentro de mi está escribiendo ahora).

Hablaba de cómo una institución es la culpable de sus inseguridades, ¿cierto? Mi otro yo necesita dejar de culpar a otros por cosas que sólo se provoca... un segundo, se supone que yo soy el otro yo. Me da igual.
Ese tipo tiene serios problemas. No digo que robó un banco o que haya violado a una cuadra entera, aún no hace esas cosas, pero tiene fuertes dilemas de los que últimamente me he tenido que encargar yo. Por supuesto, déjenle todo el trabajo a su identidad sarcástica que tiene sentido del humor y que sabe defenderse. Mejor deberían darle una navaja y enviarlo al bosque a este tipo para que se haga en sus pantalones por no poder ni abrirla.
Y es que este susodicho está ocultándose cada vez más. Se mira en el espejo y en lugar de ver al peculiar chico inteligente pero socialmente inhábil, ahora ve una bola de grasa. Sí, puedo saber lo que piensa, uno de los pocos beneficios que tiene el vivir dentro de él.
Tal vez sea mierda, pero soy el único que tiene permitido decirle eso. Incluso, no soy tan malvado como pareciera o como quisiera. Trato de decirle la verdad de una forma que me asegure que no se suicidará en cuanto me descuide.
En parte le compadezco. También a mi me gustan los hombres, pero no he pasado por lo que él (aunque tienda a exagerar todo). He visto cómo sus padres lo presionan a tener novias y para demostrar que es uno más del montón. Si conmigo fueran así de enfadosos lo primero que hubiese hecho fuera irme del lugar, subir fotos mías cogiendo a un chico y asegurarme a toda costa que las vieran. Hasta me atrevería a enviar volantes que digan "¡Queremos el mismo trato que a los demás!" con una fotografía de gays, lesbianas, trans, bis, discapacitados, negros, asiáticos y más.
Eso no sucederá porque normalmente él tiene el control en esas situaciones y porque no tenemos recursos para lograrlo. Si nos corren de con sus padres puede que tenga que pedir dinero como indigente, dejar la escuela o trabajar como cerillo en una tienda grande.
Al menos pudo darse cuenta de que es así. Algo tarde, pero lo hizo. Recuerdo la primera vez que me gustó un chico. No les contaré porque no es mi página y este tipejo no me presta la voluntad por mucho tiempo, pero fue alrededor de los trece. Este despeinado se dio cuenta en serio cuando cumplió dieciocho. A veces me pregunto si tiene alguna especie de retraso psicológico que le obligue a crecer más lento. No me refiero a lo físico o a lo que respecta a la inteligencia, pero sí ocupa crecer en el ámbito emocional y sentimental. Es decir, casi enamorarse de alguien que vive en una zona horaria totalmente distante es de deprimidos o de solitarios.
Desde que cumplió quince, la edad en la que me adoptó, recuerdo que el bastardo veía porno gay. También yo lo hacía, pero no me sentía mal por ello. Este tipo casi quería llorar al terminar. Era gracioso porque duraba mil años descargando un video para borrarlo por completo del disco duro al terminar de verlo. Es un tipo reprimido. Nadie lo ha dejado ser por completo y ahora le está afectando tanto que hasta me ha permitido escribir. Antes ni me dejaba respirar siquiera.
Está estallando por dentro y, ocasionalmente, por fuera. Estoy orgulloso porque siente y vive, pero no ha encontrado el límite que busca. Es frustrante verlo caer en cosas de las que se supone que ya ha escapado. Verlo dando vueltas en la misma mesa y rechazando la felicidad es destrozante, hasta para mi que no sentí nada al ver a todos partirse en llanto mientras veía cómo me sepultaban en una tumba. Al menos tenemos en común que seguido estamos enojados por dentro, aún con el hecho de que ya estoy dentro.

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