Me siento mal por haber escrito que mi papá es un bully el otro día. No lo borraré porque me prometí que dejaría intactos los textos para, si algún día los leo, saber cómo me sentía en el momento sin quitarles "la esencia" (a menos de que sea un bastardo error ortográfico o de gramática, soy un Grammar Nazi).
Sin embargo, ese trozo de texto en particular me está pidiendo a gritos que lo borre. Siento que no debí decir eso de mi padre y que estaba muy enojado en el momento que lo escribí, porque descubrí que, al igual que yo, tiene miedo de que resulte ser quien cree que soy. Tristemente, sí soy quien teme que yo sea.
Tener un hijo así no es el sueño de muchos padres (si es que alguien espera tener un hijo gay). Ser así siempre viene con un poco de drama, y si te consideras una persona dramática como yo puedes esperar que en cualquier momento te de un paro cardíaco del estrés de ocultarle al mundo la persona que eres en realidad. En lo que no me había puesto a pensar es que ellos tienen tanto miedo como yo.
La presión social que tiene un adolescente en la escuela es similar a la de los adultos. Hay ocasiones en que las personas tienen hijos sólo para que no digan que son unos amargados o promiscuos. Ahora, cuando una pareja tiene un niño, esperan verlo feliz, haciendo algunas cosas que disfrutaron en su infancia o desempeñando un gran papel en la vida. Considero que es bueno que los padres aspiren a que sus hijos sean grandes personas, pero no me agrada cómo presumen entre otros adultos a sus hijos.
Mis padres tienen un gran concepto de mi, al igual que mucha gente grande que me saluda por la calle, algunos amigos de mi familia y miembros de la misma por igual. Creen que soy el chico inteligente, callado, algo reservado y dedicado que trata bien a los mayores. Puede que sea eso, pero se olvidan que también puedo ser el chico que no puede ordenar los pensamientos en la cabeza, que no puede ver deportes por televisión por más de tres segundos, que se siente solo y que no encuentra un lugar en el mundo, que le gusta dar vueltas por el campo con sus amigas y reírse hasta no sentir los pulmones y que prefiere ver una serie de televisión sin subtítulos a salir a tomar en carros prestados.
Para alguien que vive en esta sociedad, esas cosas no son dignas de presumirse. Muchas dan a entender que soy diferente, y aquí lo diferente suele ser relegado porque no saben cómo funciona. No digo que sea el único que se sienta así, puede que un tipo a quien considero completamente normal sienta dos o más cosas que mencioné arriba sin convertirlo en gay ni nada de eso. Sin embargo, es doloroso escuchar cómo dicen tantas cosas amables y bonitas de ti, cuando en lo único que piensas es que esa misma persona es la que tiene más probabilidades de rechazarte cuando le muestres tu verdadera cara.
Mis padres son increíbles. Son personas que aman su trabajo, aman su familia y aman vivir cada día. Son dedicados, responsables, divertidos y amables, pero temo que esperan de mi algo imposible y que la decepción que sentirán será inevitable. A veces me digo 'no te debes sentir mal porque se decepcionen al mostrarles un aspecto de tu vida para el que tú mismo tuviste que sufrir, adaptarte y aceptar cada cláusula del contrato' pero el terror de saber que veré un disgusto en el rostro de mi padre y la tristeza en el de mi madre son suficientes como para quitarme el apetito.
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