19 enero, 2013

El acompañante gris, parte I.

¿Por qué me quiebro?
Hace veinte minutos estaba disfrutando cómodamente Community con mi hermano. Fue bastante divertido y todo, así que me dije "vaya, al fin podré conciliar el sueño". Sin embargo, decidí entrar a facebook y vagar por ahí un rato, encontrándome con la oleada de emociones que empecé a sentir ayer. Le llamo la llegada de mi acompañante de gris.
Así le digo porque se siente como cuando alguien toca tu puerta y sabes que es alguien a quien le temes. Como aquella historia del charro negro que se cuenta por ahí. Se supone que si ves por la carretera al charro negro, esa noche irá a buscarte y te llevará con él, a menos que lo invites una copa o unos cigarros y lo entretengas hasta que llegue el amanecer. Así es mi acompañante, sólo que estoy seguro que no es un charro y en lugar de vestir de negro está usando ropa gris.
Es igual a mí y cuando llega siempre me mira a los ojos y me empieza a hablar. Trato de poner algo de música y olvidar su presencia, pero cuando lo ignoro él comienza a gritar y bien sabe que no soy bueno ignorando a las personas.
Sin embargo, llega el momento cuando logra callarse en el que se sienta a mi lado y me mira continuar. Me mira fijamente, sin despegar sus ojos de mi ni un segundo y no sé qué pensar ni qué hacer. Está mirándome y temo regresarle la mirada, pero quisiera saber algún día si es una mirada de compasión, de dolor o de locura.
Lo que más me impacta es que se queda allí. Llega el punto en el que estamos los dos solos y la verdad su presencia se torna real. Por un instante me siento completo, pero es como decir que soy un pequeño niño que se va con un secuestrador. Sin embargo, prosigo y acepto su dulce e inexistente compañía, hasta que me hace ver por qué está ahí.

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