Es interesante como ser aceptado es una cuestión que importa demasiado, aparentemente. Sólamente de los tres y medio libros que he leído en estas vacaciones, cada uno de ellos trata sobre la aceptación, pero de formas diferentes, claro.
Si tuviera que darle un nombre al año que pasó, sería tal vez "El año en el que decidí (al fin) comenzar a aceptarme". Fue como si hubiera querido esconder todos mis pensamientos sobre todo en una caja hasta que la caja en cuestión no pudo soportar más y se abrió por debajo.
Es un proceso bastante curioso. Lleno de nerviosismo, aún más de los que puedo soportar, en ciertas ocasiones. Sin embargo, también es curioso cómo interactuamos con otras personas, cómo tienes una cara para cada una de ellas.
Hace rato decidí ir a dar una vuelta a la fría calle. Me encanta el frío y sentí la necesidad de estirarme un poco porque no he dormido y las hermosas tareas (bello sarcasmo, qué haría sin ti, hermoso), que aunque están apoderándose de mi tiempo libre, siempre encuentro formas de ejercer la procrastinación en mi vida.
Fui hacia las oscuras calles esperando a que un muchacho decente se me declarara o tratando de hacer tiempo cuando menos con tal de retrasar mi regreso a mi acogedora prisión de cuatro paredes, cuando me encontré con un grupo de jóvenes que se juntan ocasionalmente para platicar, poniendo como música de fondo lo que sea que esté pegando (no importa que sea una canción pop de Selena Gómez) y que toman alcohol cada que tienen sed.
No me disgusta pasar frente a ellos porque se dan el lujo de ser decentes y no gritarle a cualquier persona que pasa por ahí, pero prefiero hacer la tarea a ser "la comidilla de la gente". El simple hecho de caminar por la banqueta que estaba en frente a donde tomaban los susodichos me hizo tener un flashback. Todavía sigo deduciendo los detalles del mismo, pues sólo recuerdo vagamente la escena, las palabras y (hasta este momento) quién las dijo, pero me impresionó confirmar que sí reprimo ciertos recuerdos para alejarlos.
Antes de pasar por ahí me dije "pon la frente en alto, si quieres que hablen de ti, preferible que digan que eres un maldito presumido y que mueran de envidia a que digan que eres un pobre diablo que da lástima", por lo que concluí que debería poner la frente en alto al pasar, como si no me importara que estuvieran ahí en lo absoluto, pero el recuerdo de alguien diciéndome que no pertenecía al grupo me llegó de repente, e iba tomando forma poco a poco.
Al principio sólo recordé la 'idea principal', pero pronto recordé a una persona con la mano en mi espalda mientras caminábamos hacia el lado opuesto de un grupito de adolescentes de aproximadamente mi edad en esos días, recordé tener dieciséis o diecisiete años, que la persona que me alejaba tenía la tez morena, que era de noche y las palabras comenzaban a surgir de la nada. Toda mi atención se desvió de aquel grupo de tipos sin sentido (a los cuales me doy cuenta que les doy demasiada atención) y me concentré en viajar hacia mi pasado para descubrir todos los detalles. Irónicamente, nunca me consideré una persona de detalles, pero recuerdo mejor esa noche que todos mis cumpleaños juntos. Recuerdo que estaba herido porque me lo dijo alguien que se supone que era el mejor amigo de un amigo, y me afectó, se podría decir, profundamente debido a que ese último puede ser considerado como el primer chico del que me enamoré, aunque fue de forma platónica.
Acomodemos la historia. Su servidor, conocido por ir a retiros espirituales y blasfemias similares (permítanme añadir que iba de forma obligada o con fines sociales, es decir nada que ver con el fin del resto de los seres que asistían ahí para compartir aire). Curiosamente, en uno de ellos conocí a un chico. Ni me pregunten detalles de cómo lo conocí, porque mi cerebro es un incompetente cuando quiero saberlos yo mismo, pero hace unos días, mientras trataba de eliminar el aburrimiento tratar de descifrar señales de mi homosexualidad en mi pasado, descubrí que lo que sentí por él fue amor en realidad, una versión más honesta y pura a comparación del retorcido hamster radioactivo que busco en una persona actualmente.
Incluso una prima se dio cuenta de ello antes que yo y de forma natural me hizo la inocente burla que le haces a una persona cuando descubres que está enamorado de otra. Recuerdo que en lugar de decirle que no inmediatamente o de hacer caras malas, sonreí, suspiré y ya que reaccioné dije que no, pero, aquí entre nos, me doy cuenta que no negué que me gustara sino dije que no simbolizando que nunca podría estar con él. Sin querer lo hice.
Ciertos detalles de mi pasado me hacen pensar que antes era una persona mejor de hecho, pero también me doy cuenta que no he cambiado. Nada más miren las similitudes entre él y el chico del que me enamoré hace poco y que terminó en la historia del borrador de mi guión:
- Tímido.
- Le gusta el fútbol (aunque suelo detestarlo con toda mi alma).
- Se siente fuera de lugar.
- Habla poco con las personas (aunque aquella persona que menciono de mi remoto pasado solía platicar mucho conmigo).
Hasta ahí podrían decir que describo a cualquier chico introvertido, y el siguiente rasgo no hará la gran diferencia, pero desgraciadamente (para mi) también lo compartían:
- Es heterosexual.
Era de esperarse en realidad, pero temo pensar que, en el remoto caso de que alguien me pregunte "oye tú, ¿cómo es tu tipo?" les responderé "los heterosexuales tímidos". Es como cuando me decían de chico que era alguien a quien le gusta la mala vida. No me conformo con tener a alguien que me quiera, porque los rechazo de alguna forma u otra, tengo que ser yo el rechazado para que mi metabolismo funcione correctamente. Él me quiso, pero como un amigo. No tuve que pasar por la incómoda situación de preguntarle, me di cuenta desde el principio. Obviamente no se puede ni trataré de forzar a alguien que me quiera de una forma que no es la ideal para ellos.
Sin embargo, prácticamente me dio igual porque recuerdo que ya había encontrado una razón para emocionarme en esos retiros, se podría decir que tenía una esperanza nueva y un motivo para no gritar que quería ser excomulgado a la mitad de una plática. Incluso traté de ayudarle a conocer a unas chicas cuando visitamos otro lugar, haciendo los paros que ni siquiera yo mismo me los hago a mí, el hecho de hacer eso dolió un poco.
Después de un par de semanas de pláticas, risas y ninguna actividad relacionada con mis partes privadas ni con mis labios o algo similar, llegaron las fiestas del pueblo, caracterizadas por kilos de religión, juegos mecánicos y olor a orina y a alcohólico por las calles principales. Ahora recuerdo que habíamos hecho una vaga propuesta de dar una vuelta por ahí cuando llegaran las mismas. Si me hubiera conocido como me conozco ahora, diría que esperaba algo como un beso o algo así (a pesar de saber que nunca ocurriría), maldita debilidad al romance, pero en esos días, esos deseos estaban disfrazados bajo la emoción de tener por primera vez un amigo hombre que fuera aparentemente normal (sin darme cuenta de que, de hecho, ya lo tenía en la preparatoria, si llegas a leer esto, te quiero de una forma no-homosexual).
Llegó el día y dijo mediante un chat de dudosa ortografía (otra cosa que parece que me atrae, desgraciadamente) que lo viera en la plaza, que es el lugar en donde toda la magia sucede porque es el único lugar disponible para que suceda la magia, y que estaría tal vez con unos amigos, pero que era bienvenido a unirme al grupo.
Al llegar vi que eran tipos conocidos porque habían ido al retiro, al menos la mayoría, pero al estar ahí inmediatamente me sentí como un pez en una cama de agua de motel barato sobre la que los traileros tienen sexo con prostitutas. Mi incapacidad de socializar salió a flote y este pez lo único que deseaba era ahogarse, pero como los peces no se pueden ahogar en agua, estaba ahí haciéndola del callado del grupo, a pesar de los agradecidos esfuerzos de mi platónico por hacerme sentir un poco más como en el océano.
Ahí es cuando el mejor amigo del susodicho entró en escena y ejecutó su actuación interpretando a mi antagonista. Al principio del retiro, el platónico estaba siempre con su amigo, excepto cuando nos dividían en equipos y el platónico se quedaba conmigo solamente y con un grupo de chicos con personalidades demasiado distantes pero que trataban de llegar al final del día con vida y con fe (hipócritas, algunos de ellos).
Nunca interactué realmente con el amigo de mi amigo, pero parecía ser una persona graciosa que, aunque lo consideraba personalmente como un poco pesado, era simpático con todos y era muy apreciado. Hubo ocasiones donde quise platicar, pero siempre estaba equis persona ahí y aspiraba mi atención como un hoyo negro.
Ese oscuro día, sin embargo, él se acercó a mi y con su mano en mis hombros me alejó del grupo para decirme que estaba poniendo incómodos a sus amigos y que, en pocas palabras, me quería fuera de ahí. Estaba a dos segundos de irme antes de que me lo dijera, por lo que se esperaría que no me doliera tanto, pero sentí sus palabras como si fuera limón y tuviera el cuerpo lleno de heridas. No recuerdo si me despedí o no de el chico principal, creo que le dije un breve "nos vemos luego, me tengo que ir", pero para efectos dramáticos puedo decir que no lo hice. Me retiré inmediatamente de ahí.
Fui a la casa de mi abuela porque está justo frente a la plaza y porque esperaba ver a una de mis primas para alegrarnos el día mutuamente, pero no había nadie y lo agradecí eternamente, porque sentía que el llanto quería salir de mi cuerpo dramáticamente. Me dirigí hacia mi casa, donde supe que no habría nadie y me tiré en el sillón de la sala a llorar. Lloré como nunca, como si me hubieran dicho que mi vida se había acabado (spoiler alert: sigo con vida motherfuckers!), como si hubieran desprendido un pedazo de mi de la misma forma en la que una estilista le quita la ceja a una señora con cera caliente.
Recuerdo que hasta le conté todo lo que había pasado (aún sin darme cuenta de que lo que había pasado era en realidad una de mis primeras decepciones amorosas) a una de mis mejores amigas en un viaje de la capital hacia mi pueblo, donde estuve a punto de llorar y no me importó que alguien escuchara y estoy casi seguro de que el chófer escuchó todo.
Fue una de las pocas veces que recuerdo haber llorado por alguien, sino es que la única, en la que no haya sido por una muerte o felicidad o que me haya salido sin forzarme, porque a veces me doy cuenta que forzo mis llantos.
Ahora, su amigo que me envió hacia la realidad no me mira a los ojos cuando pasa a mi lado por la calle y no tengo ni la más mínima idea del porqué y mi ex amor goza de la vida con una novia y no lo he visto desde hace medio siglo. C'est la vie.
En fin, aquí estoy relatando la historia de un chico que me gustó hace como mil años en lugar de describir mis vacaciones de las que acabo de llegar. Así es la vida y así soy yo. El drama es primero, pero mi reto es de protagonizar dramas románticos con chicos homosexuales, los heterosexuales deben dejarme en paz de una ves por todas. Feliz 2013.
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