20 marzo, 2013

Drama ("ain't nobody got time for that").

El título lo explica todo. En esta corta entrada quiero expresar un par de cosas. La primera es que al parecer el proyecto que comenzó como una broma, luego como una buena idea, después como algo imposible y ahora se ha convertido en un sueño con pocas probabilidades de salir a la luz está tomando forma. Sí, estoy planeando una especie de serie de televisión que, de compararla con series existentes, sería una combinación de Skins con My So-Called Life, con una gran ración de Girls y una ligera pizca de muchas de mis series favoritas. Más que nada, imaginen esas tres series combinadas pero tratando sobre mí y mis dos mejores amigas.
El segundo tema, como siento que llevo años sin escribir sobre ello, es el desenvolvimiento de mi sexualidad, como era de esperarse. Voy haciendo progreso, pues ya mis padres y hermanos los veo poco a poco haciéndose la idea de vivir con un homosexual y con el hecho de que eso no cambia absolutamente nada. Sin embargo, hoy sufrí un gran retroceso.
Como todos a estas alturas ya lo saben, la elección del nuevo papa ha provocado de qué hablar en casi cada sector de la población. Los religiosos por obvias razones, los haters por motivos que son aún más obvios, los defensores para defender a su institución y ahora las minorías también para defenderse.
No conozco ni nada a dicha persona, pero con lo poco que he leído de él he notado que es un detractor del matrimonio igualitario y de los derechos de los homosexuales. No profundizaré puesto que tengo poco tiempo, pero mi madre hoy me dijo que me iba a agradar este padre porque proclama que hará una "iglesia pobre para los pobres". Como era de esperarse, lo negué argumentando que era un misógino y un homofóbico (casi fueron mis palabras exactas).
Naturalmente, mi mamá me preguntó por qué los defendía si yo no era uno de ellos, a lo que no respondí. Entonces comenzó a decir que lo que hacían no era natural y que si un hombre nace hombre, debe salir con mujeres por el bien de la familia, que era una aberración que quisieran adoptar a niños y que eso los convierte en pervertidos. En ese momento callé porque sabía que si abría la boca diría algo de lo que me podría arrepentir. Al parecer cerré mi boca con tanta fuerza que mi mamá se detuvo y me dijo "crees que estoy mal, ¿verdad?", a lo que afirmé con la cabeza y le dije un dulce "poquito".
Ella entonces se fue de la cocina, donde se desarrolló la acción, y vi como se iba con una expresión confusa. Vi en un instante que se debatía entre su pasado (sus creencias y su formación) y su presente (yo). Fue un momento conmovedor, desde cierto punto de vista, pues noté que con toda su fuerza me sonrió. Sé que me cuesta admitirlo, pero veo que decirle que me gustan los chicos no va a ser tanto el problema, sino el hacerle ver que ello no me convierte en lo que ella cree que me convertiré.

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