Blog: tendrás que disculparme porque ese título hace
referencia directamente a una canción de música grupera bastante popular entre las
personas que conozco y que saben apreciar de manera extraña ese tipo de música
tan querida y amada en estos rumbos tan escondidos del mundo exterior, pero me
pareció un título adecuado que describe los eventos de los últimos días.
Intento recordar qué es lo que hice los días once y doce de
este mes y he llegado a tener la singular impresión de que pasé esos días en un
estado donde mi cuerpo hace el trabajo de mi mente, pero entre ideas vagas que
quise escribir y que ya olvidé y cosas que puede que no sean potencialmente
útiles para mis historias en estos momentos (como cuando escribí la fecha el
once y recordé la canción “Jueves”), recuerdo que me dije a mí mismo: “mira,
mañana es trece del año trece de tu mes favorito porque es el mes de la
primavera y de la naturaleza y no porque cumples años en este mes porque odias
tus cumpleaños, y tengo el presentimiento de que mañana sabrás quién es el amor
de tu vida, a pesar de que tienes el firme propósito de vivir tu independencia
espiritual con libertad”.
En un principio me preocupé de la fuerte influencia de las
películas y otros medios que han llegado a afectarme profundamente, pero
después me reí de mí mismo por haber siquiera llegado a pensar algo semejante a
eso. “Qué tonto” me dije, “como si creyeras en eso siquiera”. Claro, me dio igual y el pensamiento quedó igual de olvidado que unas galletas que una vez dejé en un bolsillo de mi mochila por tres semanas cuando estaba en la primaria, quedando la escena como otro de mis momentos de vagancia mental.
Llegó el mencionado día trece y el recuerdo estaba en el mismo lugar donde guardo otros recuerdos como lo que comí hace una semana. Durante un momento sí recordé un poco ese pensamiento, pues estaba con mi mirada sagaz mirando a uno que otro chico que pasaba por ahí, tal vez quede ciego algún día y quiero llevarme cuantas imágenes pueda (sí, claro).
El día transcurrió como los demás, pero la idea de que durante la mañana siguiente día estaría trabajando me hizo más consciente de mi propia existencia y me llevó los pies a la tierra. Fue mi segundo día de trabajo supliendo a una maestra de secundaria y puedo decir que la experiencia fue increíble. Ambos días valieron la pena, creo que sí podré sobrevivir el resto de mis días haciendo esto.
Fuera de ello, parecía que el trece de Marzo del 2013 terminaría siendo un día más de esta carismática vida que suele ser tan bipolar como una amiga cuando tiene su periodo. A la salida de la escuela (porque después de la escuela tuve que asistir a clases) lo único que quería era llegar a una cama y dormir hasta el siguiente fin de semana, después de haber gastado algo de tiempo platicando un poco con personas bonitas de mi salón, así que me dirigí hacia la parada de camiones.
Estando allí agradecí un poco que no hubiera compañeros por ahí, pues sentí que había agotado el cartucho social del día. Veía los camiones pasar y ninguno era el que necesitaba, pero disfrutaba de estar ahí parado, con el viento contaminado golpeando mi rostro mientras los camiones pasaban frente a mi. Había llegado hasta a gozar de ese pequeño lugar, sintiéndome algo cómodo, pero un señor rompió la ilusión diciéndome que había cambiado la parada de los camiones.
Era totalmente lógico, pues tenía rato preguntándome por qué todos los camiones parecía detenerse unos metros más adelante. Con mi mente fuera de mi mundo y dentro de este, caminé hacia la verdadera parada, viendo algunos de mis compañeros aún esperando su transporte, pero de repente escuché que alguien llamaba mi nombre. Supe quién era porque había algo en su voz que decía "sé que estás ahí pero quiero disimular y pretender que estoy sorprendido de verte aquí". El sorprendido fui yo.
No sé si es ofensivo o si va en contra de mis principios, pero considerando que este es el blog y que he hecho y dicho muchas cosas peores, sigo decidiendo si fue una sorpresa grata o no. Es decir, es una gran persona y sé que lo que tuvimos fue algo bonito y especial, pero sobreviviría sin verlo de nuevo. Si él llegara a leer esto, quiero decirle que debe recordar que estoy plasmando lo que siento en el momento.
Como estaba con una amiga y me presentó, utilicé mis mejores armas antisociales y saludé sintiéndome algo tonto. Él se veía como siempre; con un aire de despreocupado y activo pero calmado al mismo tiempo. Sin embargo, no pude evitar notar algo en sus ojos que me decía que estaba verdaderamente emocionado por verme.
No supe dónde quedó su amiga o cómo salió de escena, pero desapareció y quedamos los dos solos. Platicamos un poco y pasó mi camión pero no se detuvo. Seguimos platicando y pasó su camión, pero decidió no tomarlo para seguir platicando. Un poco rato después, seguimos platicando y me propuso ir a otra parada porque ningún transporte parecía detenerse ahí, así que caminamos un poco y no llegamos a una parada, pero terminamos platicando sentados en una cosa de metal que no supe descifrar que era.
Desde que estuvimos solos platicamos de muchas cosas. De lo que habíamos hecho de nuestras vidas (es decir, no hubo aparentemente ningún cambio), de cómo desaparecimos de la vida del otro de la nada y entonces él me platicó sobre su inestable relación con un chico mayor adicto al sexo y a la sinceridad. Tengo que escribirlo: me preguntó cómo me iba en el amor.
Recuerdo que desde el día que dimos por terminada la especie de relación que teníamos, cada vez que chateábamos él terminaba haciéndome esa pregunta y yo terminaba por desinteresarme completamente por la conversación entera. En ese tiempo sentía que la pregunta era su forma de decirme que aún me quería y, a un año de terminar todo, aún insistía en obtener una respuesta. Tal vez esperaba que le dijera que había encontrado a mi chico ideal o que le dijera que estaba esperándolo, pero siempre terminaba diciéndole que estaba feliz sin depender de nadie, aún cuando no fuera cierto.
Tuve una gran plática con él a decir verdad. Claro, aún seguía con la guardia en alto por si decidía aplicar algún extraño giro de tuerca en la historia, pero me la pasé bastante bien platicando y escuchando. Decidí dejar de lado mis ideas adolescentes y dejé pasar todo, incluso hasta aquella repudiada pregunta.
Después de un buen rato, se estaba haciendo tarde y debía llegar a la casa de mi tía, donde pasaría la noche por el trabajo del día siguiente. Caminábamos hacia la parada, pero como la conversación no terminaba y como mi destino no estaba tan lejos como para no llegar al lugar a pie, decidimos ir caminando.
Recuerdo que pasando esa parada comenzó la conversación que siento que él quiso tener desde que terminamos. Comenzamos a hablar de cómo nos sentíamos respecto al otro, tratando de ser totalmente sinceros. Me dijo que se arrepentía fuertemente de haber terminado mal las cosas. Le dije que fue también había sido mi culpa y quise darle a entender que lo que tuvimos fue una cosa entrañable pero que había quedado en el pasado. Creo que de esto último sólo comprendió la primera parte.
Seguíamos caminando y continuábamos hablando. Pasamos por un puente y me propuso pasar por ahí para no tener que cruzar la calle, pero me imaginé que no sólo quería asegurarse de que no fuéramos asesinados por un vehículo cuando preguntó si había alguien en el dichoso puente. Me sorprendió mi poder de intuición aquel día, no importa que me haya engañado a mi mismo. Sentí en ese momento que si subía a ese obscuro y solitario lugar o encontraríamos a un vago drogadicto o terminaría besándome.
Imaginé la situación: subimos el puente, reímos un poco y de repente aparece el silencio. Camino un poco hasta darme cuenta que él se quedó de pie. Lo miro y me sonríe dulcemente mientras se aproxima a mi. Me dice algo sobre estar arrepentido de terminar o alguna otra cosa que pudo haber sido escrita por una persona cuya única interacción con la sociedad es un maratón de películas románticas y me planta un beso, pero no respondo. Me retiro un poco y le pregunto qué está haciendo. Él se queda de pie avergonzado y me pide disculpas. Las acepto y caminamos un trayecto en silencio espectral hasta que comienza una conversación incómoda que da pie a las confesiones dolorosas.
Pude darme cuenta que la escena no me agradaba, así que opté por cruzar la calle esperando al semáforo. Caminamos por calles sin mucha iluminación y notaba que me daba golpecitos en el brazo con regularidad, lo que me recordó a una banal revista de adolescentes donde leía que eso era una señal de que estaba interesado en mí. Eso me incomodó, pero seguí siendo yo.
Antes de llegar a la casa de mi tía y de despedirme rápidamente porque observé que mis primas me esperaban afuera porque no traían llaves, decidió acompañarme hasta un par de casas de distancia. Llevaba rato mencionando que verme fue una señal. Sabía a lo que se refería, pero quise tomar un tiempo para encontrar la forma adecuada de decirle lo que pensaba al respecto y actuaba como el que no entendió la indirecta. Al parecer recordó que las indirectas no son la forma más apto para darme a entender algo y decidió recordarme lo que ya había recordado. Cree mucho en las señales y en el destino. Me dijo que no era cierto, pero le dije que en realidad él sí lo hacía y al final lo aceptó. Decidió ser menos sutil y decirme en otras palabras que esperaba una señal que le dijera que tenía que estar conmigo y que la había encontrado en ese momento.
Siento que me decía que él estaba esperando algo y que esperaba saber si yo podía ser ese algo, pero me hice el tonto hasta que me invitó a salir. Después de sufrir un pequeño infarto mental, respondí con uno de mis comodines más eficientes: "no lo sé". Inmediatamente noté el cambio en su semblante, lo noté un poco decepcionado.
Respondiendo fuego con fuego, le di a entender con delicadas palabras que no quería una relación, y me contestó que esa no era su intención (si, claro), así que pusimos una fecha para salir como amigos. Algo no olía bien... figurativamente. Sé que hace apenas unas semanas estaba muriendo porque alguien me llamara o me dijera algo bonito y romántico, pero de una u otra forma no quiero que sea él. Puede que sólo esté negándome algo que siento en verdad o que tenga miedo de la inminente decepción, pero entonces recuerdo lo que me hizo darme cuenta de que él no era para mi y de las cosas que hice y a las que no respondió cuando intenté darle una oportunidad y no puedo evitar pero querer tenerlo en mi vida solo como un amigo con el que puedo platicar muy bien.
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