Luna llena, una perfecta compañía para escribir un poco. Estoy feliz porque el fin de semana terminó. Eso no quiere decir que me arrepiente de haber ido a la excursión religiosa que hago con mi familia paterna cada año (a excepción de un par de veces que no fui), pero siendo un joven veinteañero homosexual que lucha diariamente con sus dilemas personales en silencio, ir a Talpa, la capital católica de la región, no consiste precisamente en un lugar ideal para comenzar el descanso vacacional de primavera.
No tengo mucho por qué quejarme, pues estas vacaciones se originan en parte por la religión que tanto suelo despreciar, pero este fin de semana fue la razón por la que desperté esta tarde (sí, esta tarde) de mal humor y con un dolor de cabeza que aún no se ha ido. Y es que mi paciencia fue llevada al límite aún más este fin de semana.
Pasarla con mis parientes, sobre todo con mis primos, estuvo bien, generalmente. Me preocupa el hecho de que me llevo mucho mejor con los menores, a quienes les llevo con mínimo ocho años de ventaja, que con los que son casi de mi edad. Puede que sea porque no tomo y no me gusta bailar banda por periodos de tiempo mayores a una hora o porque nunca conviví con ellos el tiempo necesario.
Nunca encajé bien con la familia; siempre he sido el chico que vive en un mundo aparte. Antes lo era por ver películas como loco. Luego, por ser el único entre ellos que leyó los libros de Harry Potter y no se conformaba con sólo ver las películas. Después fui el chico que sonreía mucho y que se dedicaba devotamente a la escuela. Ahora soy todo lo anterior, pero agregándole el hecho de que soy tal vez el único chico gay de esa parte de mi familia.
En mi familia materna tengo un primo que lo es, y todos estuvimos en shock por un buen rato. Él nunca lo dijo directamente, o al menos no a mi, pues no somos tan cercanos, a pesar de ser primos hermanos, pero pude observar las reacciones de cada uno tras bambalinas.
Mi madre naturalmente lo rechazó por completo en el momento y, a pesar de que ya se hizo la idea y actúa con naturalidad frente a él, aún me llama para mofarse de lo que publica en facebook que le parezca gay (es decir, todo lo que él pone). Una tía lo vio con tristeza; lo aceptó y todo, pero creo que sigue con la creencia de que morirá de una enfermedad o que estará solo por toda la eternidad. A mi otra tía casi le da un infarto; a veces también se burla de él, pero lo hace con tristeza en lugar de desprecio, como mi mamá. Un tío no habla de él por completo; creo que ni siquiera reconoce su existencia y la única vez que le he escuchado hablando de él fue en el funeral de mi abuela, cuando dijo que al menos tuvo la decencia de no llevar a su novio. Finalmente, mi otro tío, su padre, no tuvo de otra más que aceptarlo y dejar de ver a la sexualidad de las personas como algo que puede ser malo.
Siendo honesto y realista, el tan mencionado primo no es un alma pura y blanca. Fuera del hecho de que haya terminado la carrera de medicina, mi familia ha pensado más de una vez que es el más descarrilado y malagradecido de los primos, o incluso de los familiares. Si le agregamos a la mezcla que le gustan los chicos, podrán imaginarse cómo lo ven mis parientes. Incluso yo mismo he cortado su rama de mi propio árbol genealógico y he hablado mal de él.
Sí me arrepiento de haber pensado así de él, pues a pesar de lo que hace, es mi primo, y si no lo he querido como se supone que debes querer a tus primos, mínimo merece mi respeto y aceptación, algo que nunca le he dado.
En ocasiones me imagino cómo reaccionarán mis tíos conmigo. Es verdad lo que me dijo una amiga, a veces pienso que las personas harán un escándalo cuando en realidad puede que ni caso le terminen haciendo al asunto, pero siendo desde siempre el niño bueno, el tener ese gran "defecto" me hace imaginar una infinidad de situaciones donde lo menos que puedo esperar es algo similar a lo de mi primo. Para muestra, cuando una de mis primas lo supo, lo primero que me dijo fue algo así como "¿cómo reaccionará tu madre?".
Con mi otra familia lo veo un poco más sencillo por el simple hecho de que no existe ese estrecho lazo de confianza que tengo con mi familia materna. Existe el cariño y la entrañabilidad, pero al no haber esa fuerte unión y al no verlos de forma tan constante, creo poder salirme con la mía sin tanto drama y sin tantas preguntas por responder. Aún así, siento que ellos lo sospechan aún más, y por ello no fue tan agradable mantener la compostura, pues también ellos me ven como el niño bueno, y pasar un fin de semana entero en su compañía sería un problema en potencia porque he notado que últimamente me he sentido más... em... gay.
Creo y espero que sea sólo una impresión falsa, pero el estar un poco más cómodo con mi sexualidad ha logrado que saque en ocasiones al homosexual que llevo dentro, cuando en realidad soy un chico al que le gustan los chicos y que no quiere ser encasillado en un estereotipo y no quiero ser encasillado en un estereotipo, mencionando aparte que estoy cansado de despreciarme constantemente.
Ser gay no era suficiente, me considero en parte un homosexual homofóbico (gracias Google Chrome, por marcar esa palabra como incorrecta). Por ejemplo, cuando veo a alguien actuando de manera completamente homosexual (según los ideales de la sociedad), en mi interior quiero degollar a esa persona o mirar hacia otro lado con repulsión, una de las razones por las que Kurt nunca ha sido mi personaje favorito en Glee.
Pueden cuestionar mi homofobia recordándome la gran cantidad de películas que he visto y amado que presentan a una pareja homosexual, o diciéndome que, de entre las pocas personas con quienes mejor me llevo en mi clase actualmente, una es lesbiana y otro puede ser el tipo más gay que conozco.
Sin embargo, contestaría que, en cuanto a las películas, si las hubiera visto antes que las dos primeras temporadas de Skins y de tener un amor platónico por Maxxie, quien interpretaba a un personaje gay pero que tenía ese no-se-qué que lo hacía real y tolerante para mí, estaría evitándolas o viéndolas con incomodidad. No diré que soy gay por un personaje de televisión o que me inspiró a cambiar, pues ambas cosas serían mentiras, pero en cierto modo me inspiraba porque el personaje sabía quién era él mismo.
En cuanto a los mencionados amigos, fue un larguísimo camino que tuve que recorrer para que los aceptara en mi vida así como acepto a las personas "normales". Ahora me doy cuenta que mi amiga tiene bastantes cambios de humor como todas las mujeres y que es una chica inteligente, creativa y divertida y que mi amigo es una persona que me ha apoyado en bastantes ocasiones y que me aconseja y me da su confianza a diario, hasta cuando actúo chocante con él.
Para ambas cosas fue una travesía interna, y presiento que para evitar seguir despreciándome por algo que soy y que aún a la fecha me cuesta aceptar, viviré todavía otra, aunque parece que esta será en una escala aún mayor.
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