Mirando hacia la ventana de la cocina estaba una camisa colgada. Mi mirada despreocupada de repente lo que vio fue el viento moviendo a la camisa y me hizo creer que había alguien mirándome desde afuera. Claro, hizo darme cuenta que todavía no he perdido mi pobre capacidad de imaginar y que no he terminado de lavar los trastes, pero me asustó bastante el hecho de que alguien esté afuera de pie sin moverse.
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