Querido diario de un chico que está recibiendo más miradas de las esperadas: debo tener algo horripilante en mi rostro como para llamar la atención así.
No quiero decir que todos me miren al entrar a un lugar, como en las películas adolescentes que adoro, y tampoco he sido un completo fantasma en el pasado que pueda estar entre la gente y sólo ser notado por un vidente. Sin embargo, al menos antes podía controlar lo que llamo "el arte de pasar desapercibido", y ahora creo que ese control se ha desvanecido. O quizá apenas me doy cuenta que en realidad nunca pasé desapercibido, aunque honestamente no creo que sea el caso.
Está, por ejemplo, el chico que me saludó hace un par de semanas. Gracioso, gracioso evento. Si me conocen (o si han leído lo que he escrito por aquí) son capaces de intuir acertadamente que mi siguiente movimiento con el chico consiste en tratar de encontrármelo casualmente, de una manera fría y calculadoramente planificada.
Todo era perfecto: su aula se encuentra a un costado de la cafetería, justo al lado del chico de los dulces (porque las personas, sobre todo cuando existe o hubo una atracción mínima, no desaparecen repentinamente de la faz de la tierra), y me puedo considerar un consumidor constante de sus productos. Sólo necesitaba hacerle notar mi presencia y sencillamente lo saludaría. Suena como un plan formidable, incluso infalible, pero al parecer hubo problemas en su ejecución.
Debido a la naturaleza del caso, porque el chico tiene más probabilidades de ser heterosexual, decidí evitar forzar las cosas. Lo saludaría si lo encontrara, intentaría entablar conversaciones de encontrarlo apropiado y todo lo haría con fines amistosos, y no con ánimos de ir más allá a menos de que se me indique avanzar.
La primera vez que me lo encontré, después de nuestro saludo, estaba caminando por el pasillo donde está la mesa de dulces de mi amigo de los dulces. El chico del saludo, en cuanto me vio, se dio la vuelta y pude notar la forma de su espalda a la luz de la tarde.
Si fuera una compañera de mi actual grupo, le hubiera reclamado en el momento, señalándole que había perdido la oportunidad de conocer a una persona grandiosa, única e inigualable, pero que él se la perdía y no tenía tiempo para sentir lástima, pero agradezco no compartir la manera de ver las cosas de mi compañera.
Encontré lo sucedido como un hecho bastante gracioso. Era obvio que había notado mi presencia, y que sabía que lo había visto, pero en lugar de hacer alguna idiotez, seguí el camino para llegar con el chico de los dulces e intercambiar una breve y agradable conversación, mientras vacío mi bolsillo en bienes calóricos.
En lugar de desistir con el cometido, decidí engañarme un rato y traté de creer que en realidad no me había visto, así que continué frecuentando los lugares de siempre, como si nada sucediera, pero estando alerta en caso de que se ofreciera la interacción.
Durante los días siguientes, hizo un enorme esfuerzo para fingir que no me había notado un día que fui con mi amiga a los puestos de comida que están frente a la escuela, pretendió no mirarme entre los pasillos cuando era inevitable nuestra interacción, dejó hablando a una amiga suya para esconderse dentro de su salón cuando iba caminando hacia los dulces sin motivos ulteriores, casi puedo asegurar que se escapó de los honores a la bandera este lunes con tal de no verme y, cuando iba caminando frente a su salón el otro día, lo vi dentro de su salón, sentado cerca de la puerta, mirando hacia el exterior pero, tras analizarme durante unos segundos, simplemente se dio la vuelta y dirigió su mirada hacia el maestro que le impartía clase a su grupo.
Lo que me extraña de todo ésto es que evidentemente el chico sabe que noto su presencia, y aún así me ve como la curiosidad y el morbo de una persona que observa el grano más asqueroso y enorme que haya existido. Y todavía pienso que debe haber una razón por la que se comportó espontáneamente agradable durante aquel saludo, por lo que, recurriendo a la reflexión de los eventos ocurridos y por ocurrir, concluyo que es probable que la razón por la que me evita se encuentra dentro de una de las siguientes hipótesis:
- Él sabía que yo soy gay y le apenaba confesarme su amor por mí (sí, claro).
- Aquella vez que me saludó, insisto, me confundió por otra persona y me regresó el saludo por cortesía.
- En palabras de una amiga, el chico es "lunático". Cuando le pedí una explicación sobre el término, me explicó que las personas que son así cambian de humor dependiendo de las fases lunares, y encontré muy interesante el origen popular del término.
- Me conoce desde la infancia, pero trata de ignorarme tras escuchar fuertes rumores que manchan mi nombre de manera injustificada, pero no se dará cuenta de la realidad hasta el clímax de nuestra historia y casi sea demasiado tarde como para enmendar las cosas.
- Él sabe que soy gay y le intimido por el simple hecho de serlo.
- Peor, quizá él sabe que soy gay y cree que estoy enamorado de él.
- Puede ser que en realidad soy una persona físicamente horrible y no lo noto debido a que he crecido toda mi vida con el mismo rostro y las personas que viven a mi alrededor tienen la suficiente cortesía como para no gritar cada vez que pongo mi rostro frente a ellos.
Extrañamente, todavía tengo la curiosidad de pasar frente a su aula con el fin de saludarlo e intentar entablar aunque sea la más banal de las conversaciones que se pueda dar.
Graciosamente, él no es el único que le ha dado más de la atención deseada a mi rostro. También de mi escuela, está otro chico que me ha dado unas cuantas "miraditas" en más de una ocasión, de esas que parecen querer enviar un mensaje que, de ser escrito en palabras, diría "quiero comerte entero, cosita bonita, pero primero dime tu nombre para saber cómo se llama el amor de mi vida".
Hace una semana me observó con tal intensidad que me terminé dando cuenta de que obviamente me estaba coqueteando. Soy yo, un chico distraído y despistado que puede pasar todo un día sin darse cuenta que está vistiendo una playera al revés. El chico que una vez bebió un trago de cloro porque pensó que era agua potable. Ese tipo que tiene que preguntar direcciones diez veces como mínimo y pedirlas por escrito y con un mapa con referencias para llegar satisfactoriamente a un lugar. Y no me subestimo.
Tuve que actuar rápido y aprovechar la oportunidad lanzándole una atractiva sonrisa, una expresión que dijera "oye, ¿por qué no primero me invitas a salir?", una mirada coqueta, un movimiento de cejas atrayente, o al menos debía quedarme quieto y seguir su mirada con un aire misterioso y sensual.
Como era de esperarse, terminé mezclando todas las cosas mencionadas en el párrafo anterior al mismo tiempo, con resultados tan vergonzosos que están grabados en mi memoria cerca del departamento de "traumas infantiles". Lo único que pude hacer para arreglar un poco las cosas fue dirigir mi vista al suelo y esperar que no existan más testigos de ese embarazoso momento.
Curiosamente, mientras el otro chico me evitaba, éste parecía estar cada vez más presente, algo que extrañamente no me desagradaba para nada, pues, aparte de ser atractivo, amigable y aparentemente el tipo de persona con quien me llevaría bien, había algo cautivador en sus miradas.
En ocasiones voy caminando por el pasillo de los dulces y lo veo a lo lejos, caminando en mi dirección. Cuando llega el momento de encontrarnos, él no despega su vista de mis ojos al punto de que parece que no parpadea. Trato de mantener su mirada lo más que puedo, y durante esos momentos siento esa electricidad, una conexión que me provoca querer escapar con él a un lugar más privado. Para conversar, por supuesto.
Desde esta semana, como por cosa del destino, cambiamos de aula con un grupo que reside normalmente en el primer piso, pues una alumna de ese grupo no puede subir escaleras. Digo que es "cosa del destino" porque ahora nuestros grupos están a un aula de distancia, lo que significa que puedo buscar cualquier excusa para asomarme afuera de mi salón y es muy probable de que él esté afuera del suyo.
Ahora, mi amiga y yo estábamos platicando con la novia de un amigo. Era una conversación agradable y estábamos pasando un buen rato, cuando somos interrumpidos porque una voz que se escucha a unos metros de distancia le habla a la novia de mi amigo.
"Oye, ya van a pasar lista", se asomó el chico, y me observa mientras espera una respuesta de su compañera.
"Di que ya voy", dijo ella en respuesta.
Cómo olvidé ese insignificante detalle: la novia de un amigo es compañera del chico de las miradas misteriosas. Ligerísimo detalle que decidí aprovechar al máximo, ya que la chica no parecía tener ganas de irse. Ahora faltaba encontrar la manera de sacarlo a colación en la plática.
"El otro día, estaba con mi novio y se enceló porque él me saludó", dijo la chica. Bendita sea.
"¿Quién?", pregunté despistadamente.
"Él", dijo riendo y señalando hacia donde el chico de la mirada misteriosa había estado unos instantes atrás. Esperaba que dijera algo más como su nombre o si está enamorado de mí, así que tuve que poner en práctica las técnicas de persuasión indirecta.
"¿Y qué dijo tu novio sobre el chico?"
"Dijo: '¿quién es ese?', y le dije: 'mi amor, está en mi salón'", la emoción subía y estaba concentrado en obtener los detalles a pesar de que los tres estábamos estallando de risa, "'y eso qué', dijo él, pero le dije 'amor, es el novio de tu amiga' y ya no dijo nada".
Es el novio de tu amiga.
Las palabras de la chica retumbaban en mi cabeza.
El novio de tu amiga.
Claramente el chico que me mira misteriosamente no es el mismo de quien estaba hablando la novia de mi amigo.
El NOVIO de tu amiga.
Está bien, lo acepto: el chico no me coqueteaba. Obviamente la conexión que sentí entre nosotros dos está solamente dentro de mi cabeza y las miradas deben provenir de un espejismo, deben ser parte de mi imaginación o me debo parecer bastante a su novia.
Es hermoso cómo cada día de mi vida encuentro cómo modificar la realidad de acuerdo a mi retorcida visión, pero a veces veo que voy más allá de mis alcances. No es la primera vez que confundo con atracción algo similar a lo que sea que haya sucedido entre el chico de la mirada misteriosa y yo. No me queda más que reírme del asunto y esperar que al menos sea real lo siguiente que suceda.
Soy un estúpido en ésto.
Interesting story... it's one I can relate to. When I was studying Film at Uni, there was a guy who I kept crossing paths with on the first day. Wherever I went, he would be. I used to think that he'd smile at me, and so eventually I developed a crush on him. So I started trying to engage in interactions with him by "accident," except that never happened. This went on for about a month, when we finally ended up sitting next to each other in a computer class. We talked for ages, then he dropped the bomb shell that he had a girlfriend of 2 years, and is madly in love with her. So it made me wonder if I just conjured up the whole romance in my head. It certainly left me feeling stupid. I'm now great friends with the guy and his girlfriend though :)
ResponderBorrarI can relate to your story too.
BorrarSometimes I just want to put a name tag on my forehead saying "Hello, I'm J and I'm terrificly homosexual", or name tags on every interesting-enough guy around me saying if they're gay or not.
Being something really personal, everybody's sexual orientation creates a great deal of uncertainty with average-looking strangers who semms to smile/flirt at oneself.