05 marzo, 2014

Sin cables.

Querido diario de ese espécimen que supuestamente está en un periodo de autodescubrimiento: aunque se supone que no debo utilizar esa aplicación ni otras redes sociales (a excepción de twitter), anoche abrí WhatsApp durante cinco segundos. Me siento bien estando sin la preocupación creciente de recibir algún mensaje (sin hacerme el importante), pero en ocasiones pienso: ¿y si alguien trata de contactarme por ese medio?
No me refiero a preguntas sobre tarea ni cosas por el estilo; más bien me refiero a recibir algún mensaje del chico que conocí en octubre mientras venía a visitar mi escuela, o un texto del chico con quien salí a principios de este año. Algo similar sucede en Facebook al pensar "¿y si me busca por ahí un chico agradable, lindo y con potencial de convertirse en mi primer novio estable?", pero es ligeramente diferente por la simplicidad y accesibilidad que brinda la aplicación de los mensajes.
Mientras trataba de reducir mis expectativas, encontré un mensaje de un amigo, una imagen muy linda que me envió una gran amiga, y más mensajes sobre la tarea de los que imaginaba.
Mentiría, siendo así de idealista, romántico frustrado e inestable, si dijera que me decepcionó un poco la falta de mensajes con drama, pero iba preparado para ello.
Parte de mí quería tener una conversación incómoda con el chico a quien terminé rompiéndole el corazón tras no intercambiar palabras desde el evento, y eso fue más de un mes atrás.
Quería, con el chico de la otra escuela, tener una conversación como:
Él: Oye.
Yo: Hola, ¿cómo estás?
Él: Espera...
Yo: ¿Qué pasa?
Él: Quería decirte algo.
Yo: Dime.
Él: Sólo necesito preguntarte algo.
Yo: ¿Qué cosa?
Él: ¿Te gusté cuando me conociste?
Yo: ¿Por qué?
Él: Porque a mí sí me gustaste.
Yo: Muero.
Él: :*
Sin embargo, parte de mí sabe que me mantengo alejado de esos medios porque me gusta cierto grado de aislamiento. Es revitalizante, de vez en cuando, no estar preocupado por mantener el celular conmigo como si fuera parte de mi ser, sentirme como en los días de secundaria y preparatoria en los que podía perder el celular y sólo lamentar el extravío de mis contactos y mi despertador (y también, ahora, mi medio portátil para leer archivos virtuales).
Hasta el momento, decidí no volver a la aplicación todavía. Tal vez continúe encerrado en una burbuja de seguridad, sé que en estos días me he sentido completamente incapaz de sonreír con la natural espontaneidad que caracteriza a mis sonrisas, y estoy consciente de que siento que voy cayendo en un vacío emocional muy profundo, pero lo siento como parte de un proceso de autoaceptación.
O quizá sea el hecho de que me doy cuenta que mi cumpleaños es en poco menos de dos semanas. Febrero realmente pasó muy rápido.

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