Últimamente me siento feo.
Ahora, mientras trabajaba con cuatro compañeros en un trabajo de la escuela (fuera del trabajo los considero mis amigos, pero descubrí que es contraproducente tratar de desdibujar los límites entre los amigos y la escuela), hubo un momento en el que todos rebosábamos de estrés.
Mirabas a uno de nosotros y todos estaban ocupados haciendo algo, sin importar que estuvieran concentrándose o no en ello. Para relajar los ánimos del pequeño grupo de trabajo, abrí la cámara web de mi computadora para comenzar a tomar fotografías.
Mi computadora no es particularmente lenta, pero ese programa tarda bastante en arrancar, así que me acomodé en mi asiento y observé fijamente a la pantalla de mi computadora.
A través del reflejo se veía a uno de mis compañeros, su cabeza descansando sobre la pared, moviéndose impacientemente mientras esperaba que el trabajo se realizara solo.
Es extraño que ese chico, mi compañero, y su servidor hayan terminado teniendo algo así como una amistad. A simple vista, él parece ser el típico presumido que las personas amargadas porque nunca obtienen lo que quieren lo envidian porque viste bien y porque tiene un celular ostentoso sin haber tenido que trabajar para conseguirlo, pero lo conocí un poco más y me encuentro que es un chico simpático, gracioso y que, contrario a todo pronóstico, es de las pocas personas que saben escuchar que quedan en este mundo.
Claro, también es irresponsable, flojo y no tiene una visión alentadora sobre sí mismo, pero eso no lo hubiera sabido a no ser porque me convertí en un casi mejor amigo de su novia. No es que ella me lo hubiese dicho, pero es algo que notas cuando dos personas tienen la suficiente confianza (o pónganlo como gusten) para hacerte casi partícipe de su relación como un testigo de los crímenes.
He presenciado besos, he visto cómo se pelean, estuve ahí una vez que terminaron y terminé como un cómplice de las desventuras que sucedían. Fue una labor que hice en nombre de la amistad, y no me arrepiento de hacerla, pero es bastante irritante saber que puedes escaparte de algo simplemente marchándote, pero no lo puedes hacer porque las personas que sufren son tus amigos.
Ahí aprendí, aparte de que su relación es tanto romántica como destructiva y peligrosa, que ella podrá ser orgullosa y que él probablemente será ese mismo chico que se gana mis desprecios y mis agradecimientos en igual medida, pero ambos tienen el anhelado regalo de tener ese no-sé-qué-que-qué-sé-yo que los hace, en el peor de los casos, bien parecidos.
Mi compañero, aún ahuyentando moscas invisibles como en aquel momento, se veía bien. No lo escribo porque estoy enamorado de él. Eso sería una gran mentira que sé que no sucederá debido a su manera de ser en ciertas circunstancias, y preferiría mantener mi amistad con mi compañera antes de salir con un ex suyo. Sin embargo, eso no me exenta de poder deleitar mis sentidos visuales inofensivamente.
En mi computadora apareció repentinamente el programa de fotografías que estaba esperando a que cargara.
Cuando vi mi rostro en el recuadro que apareció en la pantalla, me horrorizó el asco que me dio verme de frente. Mi cabello lucía mal, parecía que había ganaba un kilo por cada segundo que pasaba, mi rostro era más que repugnante, mi mirada estaba triste. Todo era peor todavía porque a un lado estaba mi compañero.
Él puede llegar a ser despreciable y a veces me desespera que esté detrás de él como si fuera la mejor persona del mundo, pero se veía muy bien, en el recuadro de la pantalla y fuera de él. Así es como las personas desconocidas lo perciben, como el objetivo lente de una cámara. Y esa misma cámara me capturaba como un monstruo.
Tal vez esa sea la razón por la que el chico de los saludos me ignora por completo. Quizá comienzan a hablar de mí cada vez que me voy de una habitación. Por eso algunos chicos me ignoran por completo.
Cuando estaba en la secundaria o en la preparatoria, recuerdo que escribí, con tinta negra en un viejo cuaderno descuidado, que dejaría de preocuparme por el físico porque lo importante de cada persona es lo que tiene por dentro. Con lo que no contaba aquellos días es que a mí me dejaría de importar, pero eso no significa que a las demás personas también.
Todavía soy fiel a aquella frase, y lo seguiré siendo, pero me faltó escribir que debería dejar de preocuparme también por mi aspecto físico y enfocarme en mi interior, aún y cuando al ver la fotografía me sentí feo por dentro y por fuera.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Deja tu comentario, opinión, duda, queja, respuesta o comienzo de conversación a continuación: