07 marzo, 2014

Desaparecido: la historia de E.E.

Ahora, mientras tenía que hacer algo más importante que divagar en mi mente mientras observaba detenidamente hacia el techo, recordé una historia graciosa que me sucedió hace mucho tiempo atrás (entre ocho meses y dos años atrás). Es una historia con un final trágico, y fue así porque pudo ser algo interesante, pero terminó como todo lo efímero de esta vida.
Hoy no contaré la historia completa, será más que nada un adelanto de ella, pero puedo decir al menos cómo llegué a conocer una parte de la vida de E.E. (así son las iniciales de su nombre), a pesar de que no llegué a conocerlo en persona.
Todo comenzó una idílica tarde calurosa, en la que perdía tiempo usando la computadora mientras prolongaba la realización del quehacer del hogar. Deambulaba por Facebook, buscando algo en qué perder el tiempo mientras estaba solo en casa. Quería ver una película, pero la fuerza que las redes sociales ejercían en mí era más poderosa que el deseo de hacer otra cosa.
Un aspecto que distingue a nuestra generación sobre las anteriores, es el hecho de que llegas a interiorizar en la vida de otras personas que posiblemente no conocerías a no ser por una "solicitud de amistad" virtual, que puede y no tener un impacto emocional en la vida de las personas.
Al chico con quien sostuve mi primera relación, aunque no llegaría a llamarlo "novio", lo conocí por este medio, y muchos de mis enamoramientos comenzaron desde que una de las dos personas involucradas hicieron clic en "Aceptar solicitud de amistad". Sin embargo, muchas de las veces que he hecho clic en ese mismo botón han quedado en el completo olvido, pues no recuerdo que hayan tenido tanto sentido recordar esos momentos.
Con E.E. es inevitable recordarlo. No siempre te agrega como amigo una persona que publica como fotografía de perfil una imagen de un actor poco reconocido del cine pornográfico gay.
Al principio, cuando traté de identificar si conocía previamente a esa persona a través de la miniatura de imagen, descubrí que había visto a ese tipo, pero no en persona. Tuve que agrandar la fotografía para darme cuenta de la profesionalidad con la que había sido tomada esa captura, la irreal perfección de ese cuerpo que tenía frente a mí en el ordenador, y esa sensación que me indicaba que ese chico había sido parte de mis fantasías unos meses atrás, y que probablemente aún guardaba en mi disco duro un vídeo de ese chico tocándose todo su cuerpo sin el más mínimo rastro de pudor.
En lugar de ignorarlo sin pensarlo, me puse a pensar dos cosas:
Primero: ¿quién demonios hace eso? Está bien que quieras engañar a unos cuantos -y por la cantidad de amigos que tenía el chico, puedo suponer que algunos estaban viviendo su primera experiencia virtual y mantenían esa ingenuidad que desaparece con el uso constante de ese medio-, pero ¿por qué hacerlo con un actor pornográfico? ¿Para atraer a las masas libidinosas? ¿Porque creía que así tendría más posibilidades de pasar por una persona "real"?
Segundo: ¿haber reconocido tan rápido el origen de la fotografía original me hace un adicto a la pornografía y un psicópata demente con un severo desorden mental? Prefiero no contestar a eso.
Luego de analizar las opciones que tenía (aceptarlo, rechazarlo o ignorarlo), decidí primero analizar lo que se podía ver en su perfil. Ahí es cuando comenzó a cautivarme.
Mentiría si dijera que recuerdo dos cosas de lo que vi, pero recuerdo que se había tomado la molestia de agregar algunos gustos musicales y cinematográficos, algunas publicaciones demostraban que el chico sabía escribir con decencia y al menos había elegido robarse las mejores fotografías del modelo mencionado anteriormente. Al final me convenció por completo cuando noté que tenía algo escrito en la sección de "Información".
Casi siempre observo lo que publica la gente ahí. Es la parte menos interesante para muchos, tanto que el propio Facebook fuerza a las personas como yo a tener que dar un par de clics extra para acceder a ese lugar virtual, y obviamente me iba a tomar esa molestia con el mencionado chico.
Me tomó por sorpresa saber que, no solamente sí había escrito algo ahí, sino que lo publicado lo hizo atrayente. Y, más que nada, en donde dice "Citas favoritas" no cometió el error capital de describir un encuentro que tuvo con otra persona, sino que escribió una estrofa de una canción. No era la frase más profunda escrita por un ser humano, pero con eso bastó para agregarlo como amigo.
No tardó mucho cuando ya tenía un mensaje suyo en mi bandeja de entrada.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Deja tu comentario, opinión, duda, queja, respuesta o comienzo de conversación a continuación: