Estoy muy preocupado. Sé que nuevo es sobre mí pero al parecer mis problemas ahora sí son preocupantes. Primero permítanme introducirlos al capítulo dos de cómo mi boy-crush sigue revolviéndome las entrañas por deseo de tener sus labios sobre los míos. Se supone que no debo sentir eso y sé que eso es sólo una triste ilusión digna de una colegiala de preparatoria, pero esta vez mi principal preocupación (refiriéndome a esto) es que no puedo contenerme en ocasiones. Simplemente es desgastante tener que pretender ser muy buenos amigos y ocultar el deseo de lanzárme sobre él a cada momento. Está mal, muy mal (según la cultura de la sociedad que me rodea) pero bueno, no puedo pensar en otra cosa diferente a lo que creo me tendrá sin dormir hoy.
¿Recuerdan que siempre estoy mencionando que tuve algo con un tipo en un no muy caluroso verano? Pues creo que sí estoy pagando las consecuencias tal y como me las imaginaba. Triste pero cierto, iré mañana al médico para que determine si soy víctima de la enfermedad llamada faringitis gonocócica, también conocida como gonorrea bucal.
¿Estoy seguro de tenerla? No. ¿Estoy angustiado por mi manía de comparar mis síntomas con los que he visto por internet? Sí. Todo comenzó por un cartel que pusieron en la escuela sobre las enfermedades de transmisión sexual y entre ellas se apreciaba la imagen de una garganta infectada con el mal que les mencioné. Esa imagen me tuvo dando vueltas discretamente en los alrededores de la publicación y llegando a casa sólo pensé en comprobar si mis síntomas coincidían.
Y me refiero a síntomas porque desde unas cuantas semanas a la fecha he notado mi garganta muy irritada, he tenido ampollas en la boca (las cuales ya me habían salido antes por el calor, por lo cual no les presté nada de atención) y otros de los síntomas señalados por Internet, bendito seas.
No sé que haré de convertirse en reales mis suposiciones, y por eso quisiera compartirles un poco de ficción de lo que creeo que sucedería. Primero, al enterarme de la verdad, sé que sentiré que mi mundo se viene abajo, y no sé cómo lo tomará el doctor del lugar (que es mi padrino, por cierto) y no soportaría las miradas indiscretas de las personas, porque en el centro de salud de aquí no existen los secretos, pues casi gritan tu enfermedad al descubrirla. Lo siguiente que haría es preguntar sobre los métodos de curación y tendré un serio disturbio con mi economía (pues no cuento con un trabajo ni nada que me respalde). Afrontaré el momento con mis padres, pero no creo que termine diciéndoles la enfermedad que posiblemente vive alimentándose de mi. Terminaré diciéndoles el nombre científico de la misma para distraer.
Y viene el momento más difícil. Esa intervención entre mi partida del centro de salud y la charla con mis padres. Hacerle saber a esa persona que está posiblemente infectada con una infección venérea. Ahí es donde digo que mi vida tomaría un severo, muy severo camino. Siento que no tendré ganas de acercarme a los pantalones de las personas ni estar en contacto con ninguna parte de su cuerpo.
Mi vida terminará en el momento en que mis padres estén conscientes de que tengo una ETS y, después del severo y exhausto interrogatorio por el que deberé de sobrevivir, empieza una vida de mentiras. Mentiras porque de la única forma de la que termine bien parado, e inclusive victorioso, es diciendo que la adquirí de una mujer. Puede que hasta se lleguen a sentir orgullosos de mí al saberlo. Triste pero es verdad. Nunca diré que la contraje de otro hombre porque significaría el final absoluto de mi agridulce vida.
Vamos, (y dirían en los programas de superación personal o religiosos) tengo muchas cosas por delante. Hice algo muy mal y estoy dispuesto a pagar el precio pero no estoy cómodo haciéndo eso al ser consciente de que nunca he tenido ningún primer beso (ese experimento desquiciado que hice mientras mi hermana dormía no cuenta, pues ni se sintió nada y fué transtornadamente incómodo), mucho menos uno en la lluvia, nunca estaré cenando en un restaurante cualquiera con esa persona, nunca charlaremos sentados en el pasto bajo la sombra de un árbol, nunca me dará de comer en la boca, ni recibiré lo que consideraría el regalo más importante y significativo en mi cumpleanos, navidad o cualquier otra fecha. Nunca sentiré lo que es cumplir un mes de relación con tu pareja. No sentiré el sexo con amor y sin consecuencias. No.
Tal vez estoy siendo dramático. Creo que demasiado, pero eso es lo que pienso en este mismo instante, y eso es lo importante al menos según la idea del blog. Hoy será una de las entradas más cortas que he escrito, pero debo estar bien despierto para mañana. Será un día muy apretado, pues tengo que ir a lo del doctor (y mañana les relato sobre como fue todo) y en la tarde será la posada de mi grupo, por lo que puede que pase de todo. O tal vez nada.
¿Estoy seguro de tenerla? No. ¿Estoy angustiado por mi manía de comparar mis síntomas con los que he visto por internet? Sí. Todo comenzó por un cartel que pusieron en la escuela sobre las enfermedades de transmisión sexual y entre ellas se apreciaba la imagen de una garganta infectada con el mal que les mencioné. Esa imagen me tuvo dando vueltas discretamente en los alrededores de la publicación y llegando a casa sólo pensé en comprobar si mis síntomas coincidían.
Y me refiero a síntomas porque desde unas cuantas semanas a la fecha he notado mi garganta muy irritada, he tenido ampollas en la boca (las cuales ya me habían salido antes por el calor, por lo cual no les presté nada de atención) y otros de los síntomas señalados por Internet, bendito seas.
No sé que haré de convertirse en reales mis suposiciones, y por eso quisiera compartirles un poco de ficción de lo que creeo que sucedería. Primero, al enterarme de la verdad, sé que sentiré que mi mundo se viene abajo, y no sé cómo lo tomará el doctor del lugar (que es mi padrino, por cierto) y no soportaría las miradas indiscretas de las personas, porque en el centro de salud de aquí no existen los secretos, pues casi gritan tu enfermedad al descubrirla. Lo siguiente que haría es preguntar sobre los métodos de curación y tendré un serio disturbio con mi economía (pues no cuento con un trabajo ni nada que me respalde). Afrontaré el momento con mis padres, pero no creo que termine diciéndoles la enfermedad que posiblemente vive alimentándose de mi. Terminaré diciéndoles el nombre científico de la misma para distraer.
Y viene el momento más difícil. Esa intervención entre mi partida del centro de salud y la charla con mis padres. Hacerle saber a esa persona que está posiblemente infectada con una infección venérea. Ahí es donde digo que mi vida tomaría un severo, muy severo camino. Siento que no tendré ganas de acercarme a los pantalones de las personas ni estar en contacto con ninguna parte de su cuerpo.
Mi vida terminará en el momento en que mis padres estén conscientes de que tengo una ETS y, después del severo y exhausto interrogatorio por el que deberé de sobrevivir, empieza una vida de mentiras. Mentiras porque de la única forma de la que termine bien parado, e inclusive victorioso, es diciendo que la adquirí de una mujer. Puede que hasta se lleguen a sentir orgullosos de mí al saberlo. Triste pero es verdad. Nunca diré que la contraje de otro hombre porque significaría el final absoluto de mi agridulce vida.
Vamos, (y dirían en los programas de superación personal o religiosos) tengo muchas cosas por delante. Hice algo muy mal y estoy dispuesto a pagar el precio pero no estoy cómodo haciéndo eso al ser consciente de que nunca he tenido ningún primer beso (ese experimento desquiciado que hice mientras mi hermana dormía no cuenta, pues ni se sintió nada y fué transtornadamente incómodo), mucho menos uno en la lluvia, nunca estaré cenando en un restaurante cualquiera con esa persona, nunca charlaremos sentados en el pasto bajo la sombra de un árbol, nunca me dará de comer en la boca, ni recibiré lo que consideraría el regalo más importante y significativo en mi cumpleanos, navidad o cualquier otra fecha. Nunca sentiré lo que es cumplir un mes de relación con tu pareja. No sentiré el sexo con amor y sin consecuencias. No.
Tal vez estoy siendo dramático. Creo que demasiado, pero eso es lo que pienso en este mismo instante, y eso es lo importante al menos según la idea del blog. Hoy será una de las entradas más cortas que he escrito, pero debo estar bien despierto para mañana. Será un día muy apretado, pues tengo que ir a lo del doctor (y mañana les relato sobre como fue todo) y en la tarde será la posada de mi grupo, por lo que puede que pase de todo. O tal vez nada.
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