16 diciembre, 2011

Amor y otras depresiones.

Entonces él lo vió a través de la distancia, y corriendo sobre las verdes hojas mojadas por la lluvia, acudió a él para plantarle un beso, pero había algo que no encajaba ahí, algo que simplemente daba a entender que no era real. Es por ello que no pudo observar el rostro de su amado y se vio forzado a despertar.
Ese es una especie de sueño que tal vez he tenido, tal vez no. Supongo que después de lo que publiqué ayer, debo de relatar cómo es que fue mi día. Y no es que me disguste la idea de relatarles algo, me encanta. Pero han pasado tantas cosas (y a la vez absolutamente nada) que el cansancio físico no quiere permitirme el relato. Aún así proseguiré.

¿Tengo una enfermedad de transmisión sexual? No lo sé, no estoy seguro y lo más probable es que sí. Ahora fui al doctor de mi preferencia, aparte de que es amigo de la familia y le tengo confianza, porque no pude llegar a tiempo para las citas del centro de salud.
Bueno, después de titubear un poco y de unas cuantas bromas, me revisó y dijo que sí estaba muy mal mi garganta y que era más que evidente la presencia de una infección.
Salí de ahí con un montón de medicinas y con un brazo entumido por la muestra de sangre que me tomó para revisar que no tuviera anemia. Fue como ir al doctor por primera vez en varios años y tratar de curar todos tus males en una sola cita. Aparte, fue mi primer consulta médica sin mis padres.
Algo que me dejó en duda fue que nunca se mencionó la enfermedad o la causa de la infección, sólo el tratamiento, pero investigando en internet descubrí que de los medicamentos recetados, la casi única enfermedad que contrarrestan es la gonorrea. ¿Entonces tengo eso pero el doctor no me lo dijo para no preocupar a mis padres? ¿O lo dijo para no preocuparme a mi? Tal vez las dos anteriores, pero si es que tengo esa enfermedad debería decirle a aquella personita con la que tuve cositas hace seis meses que puede tenerla también.
Aparte de eso, mi vida consistió en un doloroso viacrucis vocal, pues no podía hablar porque las tabletas me habían sensibilizado mi garganta entera y me duele al hablar. El precio que se tiene que pagar.
Y fue peor sufrirlo a media posada navideña de los de mi grupo. Fue algo divertido, pues era de platicar con tus compañeros y ver las cosas ingeniosas y picarescas que se decían entre ellos durante el intercambio y la comida.
Al final tuve un día que empezó con preocupación, siguió con duda, preguntas, relajación, cansancio, diversión, más cansancio, nostalgia, felicidad y agotamiento. No puedo decir que haya sido un gran día, pero tampoco fue uno malo y me siento agradecido por ello.
No estuve pensando 24/7 sobre lo miserable que es mi vida sin esa persona que no ha aparecido, ni me estuve lamentando por tener que ocultarle mi naturaleza a los seres que yo más estimo. Simplemente no. Mantuve mi mente ocupada en mí el 90% del día, pero ahora no pensaba en el por qué de mis miserias, sino en cómo iba a hacerle para salir de ellas. Hasta que tocas fondo puedes ver el lugar donde te encuentras.
Es increíble que tuve que posiblemente tener una enfermedad así para pagar por lo que hice. No puedo creer que siga vivo pero lo estoy. Y estoy vivo y solo. Tal vez tenga recaídas o sienta una depresiva soledad, pero tengo que estar consciente de que soy un enamoradizo romántico de m*erda. No hay remedio para esa enfermedad mental y no la habrá para mí. Tengo que aprender a vivir con ella, y si lo hago sólo no hay problema.
Estoy recordando a una serie de televisión donde una jovencita escribe en su blog que a veces ser un adolescente te hace querer morir. Es cierto. Pero si mueres no podrás darte cuenta a tiempo de lo que tienes, y lo que tienes es invaluable. Además de que nunca aprenderás que el mundo no gira alrededor de ti. Si muero algún día, el mundo seguirá girando, hasta este blog seguirá existiendo a menos de que lo cierre antes o que google quiebre y tenga que deshacerse de este dominio.
Estoy desesperado pero puede ser que tenga tiempo. Ya no quiero desperdiciarlo como lo he estado haciendo desde que me doy cuenta de lo que hago. Sé que lo seguiré haciendo, pero al menos ahora ya estoy consciente de que no quiero hacerlo.
Si el tipo acosador vuelve a hablarme y a tratar de seducirme con tal de satisfacer su apetito sexual sé que le hablaré y le seguiré la corriente pero también sé que no tendré nada con él. Sé que el compadre puede que nunca me presente a su amigo, y si me lo presenta puede que incluso llegue a odiarlo, pero mi vida sigue.
Tristemente continúa. El chiste es de ver lo triste como algo feliz.

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