Hoy es un día especial. Al menos para el blog lo es, pues es la entrada número 13, y me gusta ese número. ¿Por qué? Porque es un número que todos lo rechazan por ser de mala suerte, o de desgracia, pero díganme el nombre de la persona que dijo eso primero para darle un golple en la cara. Bueno, dejaré la agresividad de lado.
Eso y el hecho de que (sin planearlo) hoy es el cumpleaños de aquella persona de la que les hablaré hoy, amerita el relato de lo sucedido aquel día que siempre les menciono vagamente. Estarán a punto de prescenciar (o leer) con lujo de detalle lo que sucedió el día en que mi vida cambió, y a pesar de que son contadas las personas que saben completamente lo que tendrán a continuación, es algo que me desconcertó totalmente. Digamos que es algo que ya superé, por así decirlo, pero aún queda en mí una huella, experiencias y consejos para compartir con los demás. Además de que el mejor remedio para mis males que he encontrado hasta hoy ha sido la escritura. Creo que ya comprendo a las hermanas Brontë o a Stephen King. Permínanme guiarlos desde aquí.
El escrito siguiente es tal vez el más explícito que he realizado en mi vida entera (y tal vez el más largo de éste blog, nunca había durado tanto escribiendo), por lo que si te incomoda el tema del sexo o eres menor... chinguesú.
Era de madrugada cuando todos en el camión estaban esperando con expectación ese viaje de fin de cursos. Todos esperaban que fuera un viaje increíble donde se podrían emborrachar, disfrutar de su vida adolescente y de olvidarse de los problemas del mundo por unos cuantos días, y todo se ponía mejor desde que un par de días antes el profesor que iba a ir de chaperón tuvo un compromiso y no pudo acompañarnos al viaje.
El escrito siguiente es tal vez el más explícito que he realizado en mi vida entera (y tal vez el más largo de éste blog, nunca había durado tanto escribiendo), por lo que si te incomoda el tema del sexo o eres menor... chinguesú.
Era de madrugada cuando todos en el camión estaban esperando con expectación ese viaje de fin de cursos. Todos esperaban que fuera un viaje increíble donde se podrían emborrachar, disfrutar de su vida adolescente y de olvidarse de los problemas del mundo por unos cuantos días, y todo se ponía mejor desde que un par de días antes el profesor que iba a ir de chaperón tuvo un compromiso y no pudo acompañarnos al viaje.
Es decir, íbamos casi sin control. A excepción de la agente de viajes y del conductor del autobús, pero para ellos, nosotros no éramos ninguna responsabilidad. Mientras regresaramos enteros, todo iba bien.
Algunos iban llegando de la fiesta más importante del año, que sería el equivalente de nuestra preparatoria a un baile de graduación americano, y algunos de ellos llegaron con unas copas de más, con el traje de gala o con vestidos pomposos y peinados elaborados.
Recuerdo que me acomodé en mi asiento y, aunque no podría decir con exactitud quién era la persona que tenía a mi lado, puedo decir que me quedé dormido mientras pasaban 'Soy el Número Cuatro' en la oscuridad de la madrugada.
Al despertar con el sol saliente y con una pequeña resaca de la siesta, observé que íbamos avanzando más hacia nuestro destino y, mientras unos de mis compañeros despertaban, otros platicábamos o veíamos otra película que habían puesto para mantenernos entretenidos.
Después de unas cuantas paradas en lugares desconocidos para mí y de otro rato en el camión, llegamos a nuestro destino. Era una especie de "resort", donde las habitaciones se encontraban en pequeñas villas desordenadas entre unos callejones de los que estaba seguro que me perdería al tratar de transportarme hacia la piscina, los toboganes y los restaurantes.
Después de ser recibidos por los miembros del hotel, nos dirigimos hacia nuestras villas, y como no estaba lista la villa de unos amigos, decidimos dejarlos que pusieran sus maletas en la nuestra para poder aprovechar del buffet, de la piscina o del lugar en sí.
Rápidamente, mis 4 compañeros de habitación y los otros 4 visitantes nos cambiamos de ropa para apoderarnos de la piscina y debido a mi poca aceptación física (digo, no es muy grato ser el más 'llenito' entre ellos, aunque ya estoy mejorando al respecto), entré al baño a cambiarme y a lavarme los dientes, pues no era agradable mi aliento.
Salimos todos juntos y llegamos a la piscina después de encontrar a otro grupito, llegar al lugar equivocado y de preguntar el camino correcto. Era una especie de laberinto el lugar, aunque debo de presumir que para los últimos días ya sabía cómo moverme por ahí.
Bien, llegamos, la mayoría se metió a darse un chapuzón y me quedé junto a un amigo y unas amigas platicando en las orillas de la alberca. Llevabamos rato platicando cuando mi amigo me pidió la llave del cuarto porque se había olvidado de algo y me pidió que lo acompañara. Acepté, pero dudé un poco, pues a pesar de ser mi amigo y ser parte de su 'bolita' en el salón, la verdad no sabría qué decirle, de qué hablar con él ni nada. Entonces, en el camino hablabamos de cosas sin importancia. Siempre todo el mundo tenía la sospecha de que él era gay, y digamos que la evidencia que tenían era bastante creíble, pero no me importó, aunque sí me interesaba saberlo.
No para tratar de tener algo con él, puesto que nunca fue lo que yo esperaba de otra persona. Lo veía como el gran amigo de mis amigos que nunca fue necesariamente mi amigo, pero era buena onda y era también muy ocurrente. Aún así me incomodaba el hecho de que pareciera extremadamente gay pues estaba en aquellos días en mi etapa homofóbica porque no podía aceptar que ellos pudieran ser lo que nunca me he permitido.
Abrió la habitación y esta vez sí pude apreciarla. Al entrar te encontrabas con un pequeño pasillo con una puerta a la izquierda que daba a la habitación principal (donde supuestamente dormirían dos amigos), atrás estaba el baño, a la derecha había un muro que dividía a dicho pasillo con una cocina sencilla y si caminabas derecho te encontrabas con unos cuantos escalones que bajaban hacia el comedor y tenías acceso a la cocina, mientras que a la izquierda estaba una sala compuesta de una televisión, dos colchones individuales que servirían de cama para mi amigo y para mí y el montón de maletas de los que nos quedaríamos ahí, pues los demás las dejaron amontonadas en el pasillo.
El cuarto estaba algo húmedo y frío, más que nada por el viejo aire acondicionado del hotel, y abrí una puerta corrediza que estaba entre la sala y el comedor y daba hacia una terraza con una mesa y unas cuantas sillas. Respiré aire natural y dejé de tener frío por la combinación de aire húmedo y cálido que había afuera, pero cerré de nuevo la puerta y le puse seguro.
Mi amigo ya se había puesto su traje de baño y yo me metí a donde estaba el lavamanos y el espejo, puesto que el inodoro estaba separado del lavamanos y de la regadera. Tenía la puerta abierta, puesto que había decidido que en este viaje dejaría las inhibiciones que tenía por mi físico y estaba yo parado frente al espejo poniéndome bloqueador frente a dicho espejo. Sin pensar nada más que en el escalofrío que me daba con el aire que entraba desde una ventana que había atrás de mi.
En eso, salió del cuarto mi amigo y me dijo que lo esperara un poco. Le dije que estaba bien, pero cuando ví que se estaba cubriendo con sus manos su zona íntima, le pregunté en tono de "broma de güeyes" si es que andaba caliente. Fue uno de los momentos más incómodos para mi, al principio porque estaba viendo a un hombre tratando de esconder un bulto bajo el traje de baño, pero también lo fue por la forma en la que 'actué', pues traté de interpretar el papel de 'vato' o amigo hétero machista, bromista y otras cosas que muestran en la mayoría de películas adolescentes como un tipo deportista y popular.
Y seguí interpretando al 'vato' de antes diciéndole que se masturbara (obviamente con lenguaje un poco más vulgar de lo que usualmente se escucha saliendo de mi boca), pero descubrí que eso se podría entender como una invitación sexual, por lo que agregué el "o piensa en otra cosa" para dejar las cosas claras, aunque al juzgar el acto de bajarse momentáneamente su traje para mostrarme su erección me dió a entender de que no entendió el mensaje como yo quería y después de ver mi cara de incomodidad me dijo en tono de burla "y por qué no te la jalas tú, también la tienes parada".
En ese momento sentí que el mundo entero había acabado completamente para mi. Al fin tenía uno de esos momentos en los que de verdad quería decir "trágame tierra", y puedo asegurar de que no se sienten para nada bien. Entonces decidí hacer lo que estaba haciendo antes y seguí untandome bloqueador mientras le decía sobre qué cosas pensar para que se le bajara lo que tenía parado, pero no podía hacer más porque había terminado ya de ponerme bloqueador.
Entonces, nos dirigimos hacia la sala donde él se puso en un colchón y yo en otro. Encendí la televisión para tratar de controlar 'el ambiente', y después de darle la vuelta a toda la serie de canales, le dejé en MTV mientras estaban transmitiendo videos musicales desconocidos para mí, pero obviamente no podía prestarle atención a la televisión. Era como si mis ojos estuvieran forzados a ver a un punto donde se encontraba la televisión pero en realidad no la estuviera viendo.
Decidí relajarme un poco, pues descubrí que subo los hombros cuando estoy nervioso y traté de parecer lo más calmado posible, pero era obvio que aquel sólo pensaba en satisacerse y eso evitaba que pudiera mantener la calma. Oficialmente odio mi falta de control, especialmente con respecto al control de mis impulsos sexuales. Con decir que llegué a excitarme durante una clase de matemáticas. Un hecho incómodo, real e hilarante. Y eso no me ayudó para nada puesto que cuando miré para ver si él estaba más calmado que yo lo ví sentado en el colchón bajándose el traje de baño para enseñar su pene y volviéndoselo a subir como le hizo hace rato, y supongo que notó que mi erección se puso más fuerte porque lo hizo de nuevo, pero ya no se volvió a cubrir.
Quedó con su pene erecto a metro y medio de distancia. No podía creerlo porque siempre había querido ver uno real, no otro como aparecían en aquellas páginas de internet que abría cuando nadie me veía. Quería verlo de un poco más cerca e incluso quería saber lo que sentiría al tocarlo, pero pensé las cosas y me controlé lo suficiente como para girar mi cabeza hacia la televisión.
Entonces me dijo que le enseñara el mío. La verdad eso sí que no quería hacer, puesto que, no sé, no quería hacerlo y le dije que yo no era gay, resultando en otro de los momentos menos sinceros de mi vida, y ya había tenido uno unos minutos antes.
En ese momento me puse a meditar lo que hacía brevemente, dudo que antes haya razonado de una forma tan rápida. Había una parte de mí que durante todo ese rato (e incluso hasta después de hacerlo) me dijo que estaba mal, sin embargo escuché a aquella parte que me dijo que sólo por una vez hiciera algo que valiera la pena contar u ocultar, algo de lo que podría escribir algún día, que viviera por una vez en la vida.
Pensando todo eso al mismo tiempo y más me bajé el traje de baño y le enseñé mi erección, a lo que él respondió masturbándose mientras miraba mi pene. Tengo que decir que la expresión en su rostro es algo que nunca había visto, ni en las escenas más fuertes de pornografía, pues todo en su cara denotaba lujuria. Absolutamente todo.
Cada vez me sentía más incómodo, por lo que decidí dejarme llevar un rato, aunque no pude fácilmente. Entonces decidí observarle su pene. Él era muy blanco, al igual que su 'cosa' y se le veía aún más blanca porque se había quitado el vello de esa zona. Ahí fue cuando se me ocurrió que diciendo alguna tontada podría zafarme de eso y le pregunté que si estaba circundado. La respuesta es lo único que no recuerdo de ese momento, pero él seguía acariciando su 'herramienta', sólo que ahora lo hacía de una forma suave y no frenética como cuando dí a conocer mi pene.
El fin del mundo llegó para mi cuando sentía que debía masturbarme. Nunca había tenido tantas ganas de hacerlo y sentía que iba a eyacular en cuanto me la tocaría, pero no fue así, y digo eso porque comencé a masturbarme suavemente, como él estaba haciéndolo.
Entonces se levantó y se sentó a mi lado y comenzó a acariciarme eso. Se sentía diferente a lo que había sentido antes cuando estaba yo sólo. Se sentía algo más, algo diferente, y yo quería ver cómo se sentía tener en mis manos algo diferente también, por lo que empecé a hacerle lo mismo. Ahí cometí el principal error. Si no lo hubiera hecho y me hubiera ido no hubiera sucedido nada, pero ahora daba a entender con esa acción que yo quería lo que él también quería, pero dejé de pensar en eso cuando el me dijo que si yo quería hacerle "una mamada", pero como titubeé y no respondí, él acercó su cabeza a mi pene hasta tenerlo a un par de centímetros y preguntó que si quería yo una, a lo que tímidamente respondí que sí.
No sé si fuí yo en realidad quien aceptó dicha propuesta o si fue mi mitad oscura, mi parte malvada o simplemente mi adolescente calenturiento interior, pero en cuanto escuchó una palabra salir de mi boca, él comenzó a succionar mi pene como si fuera una paleta. Fue una de las sensaciones más intensas que había sentido hasta aquel momento y mentiría si dijera que no me gustó y me sorprendió que no 'terminara el trabajito' dentro de su boca.
Entonces se levantó un poco y yo me dirigí a regresarle el favor. El se sentó y se acomodó y yo me puse de rodillas, incado frente a él. Observé por unos instantes sus brazos, su pecho y su estómago (que a diferencia mía, él sí tenía buen físico) y su zona más íntima. Observé su pene y sus testículos durante unos segundos hasta que comenzé poniendo su pene en mi boca y comencé a hacerle sexo oral. Tengo que admitir que me gustó eso también. Era otro tipo de sensación, muy diferente pero placentera sin estimular mis partes erógenas. Tenía miedo de que llegara a eyacular, puesto que no me parecía nada agradable eso, pero yo continué hasta un rato, cuando me acosté en ese mismo colchón y le dije que se pusiera sobre mí, por lo que ambos estábamos haciéndole 'el paro' al otro.
Y así pasó durante un rato cuando tocaron la puerta. Lo que hice inmediatamente, en cuanto escuché el primer sonido, fue subirme el traje de baño (con erección y todo) y me encerré al pequeño cuarto donde estaba sólo el inodoro, un basurero y un rollo de papel higiénico. Resultó ser un amigo que había vuelto por sus maletas, pues ya les habían entregado la llave. Me saludó desde donde yo estaba, temblando y tratando de controlar mi pulso y me despedí de él. Duró lo que yo sentí que fueron miles de horas. Yo ya quería salir de ahí y volver a mi casa o irme corriendo hasta la alberca y ahogarme allí dentro, pero no podía porque la erección seguía igual y no quería que otra persona supiera sobre eso.
Cuando al fin se fué, seguí ahí dentro, sólo con el inodoro y el rollo de papel, pero él me preguntó que si ya había terminado. Con esas exactas palabras. Y no sabía si se refería a terminar de hacer del baño o terminar de eyacular, pero salí con la erección todavía y fuí directo hacia el sillón a terminar lo que había empezado ya, y después de un rato más de estar en la posición anterior comencé a pensar que eso estaba mal. Digo, se sentía físicamente bien a pesar de tener un pene en mi boca, sentir que estaba arriba de mí y sólo poder ver parte de su trasero, pero eso no estaba bien para mí. En ese entonces todavía seguía aferrado a la idea de que me gustaban las mujeres, pero eso fue sólo eso, una idea. Recuerdo haber pensado en la mujer que había conocido durante el examen de admisión de mi escuela actual y recuerdo que platiqué mucho con ella y me hizo sentir bien, pero también recuerdo que en ese mismo momento imaginé a mis padres viéndome en ese momento, a todos enterándose de lo que estaba haciendo y a mis amigos dejar de hablarme. Incluso llegué a imaginarme en un hospital donde iba a recoger unos resultados de sangre que indicaban que tenía VIH-SIDA. Eso me espantó pero continué.
Después de otro rato y mucha incomodidad él me dijo lo siguiente en éstas horribles palabras para mis oídos (en ese entonces, repito): "¿Te la meto?". Lo único que pude hacer es quedarme callado. Entonces me pidió con la misma expresión que yo lo penetrara y después de reaccionar dije que no llevaba condones y que no estaba seguro. Él me contestó que no lo había hecho con nadie y de forma insegura terminé aceptando.
Me senté y él se puso de espaldas a mi y hizo como si fuera a tomar asiento. Entonces 'puse mi cosa en la entrada' pero no podía. Intenté hacerlo pero simplemente no pude y rápidamente le dije que no quería, por lo que me empujó con tal de que cayera acostado y se puso detrás de mi con tal de penetrarme, pero agradezco que tampoco haya podido hacerlo y también agradezco que hayan vuelto a tocar en la puerta para que dejara de intentarlo.
Otra vez me puse el traje de baño en un milisegundo, pero ahora corrí hacia donde estaba la regadera y el lavamanos e instintivamente cerré la puerta con seguro y la ventana y dejé que el agua corriera por la regadera, aunque no me metí. Resultó sel el mismo compañero, sólo que esta vez había olvidado algo por ahí y de nuevo me saludó y se despidió de mi a través de las paredes. Dijo que no nos tardaramos porque llevabamos mucho rato y que nos esperaba en la alberca, y tras otro milenio se terminó llendo.
Ahora volví mas pronto que antes, en parte porque no tenía lugar donde sentarme y porque se estaba humedeciendo todo el cuarto por la regadera. Cuando regresé ala sala, él estaba en el otro colchón bajándose los shorts de alberca para masturbarse y me senté en el otro colchón. No quería seguir intentando tener sexo y decidí que la única forma de acabar con todo eso era eyacular, así que me bajé mi traje de baño y me masturbé. Recuerdo que hacía mucho tiempo que no expulsaba tanto semen, pero no me pareció el momento indicado para ello y recuerdo la expresión de placer que tenía cuando 'terminé'. Hizo una cara que a la fecha me da pesadillas y entonces él hizo lo mismo y aunque no eyaculó lo mismo, saltó lo suficiente como para que un poco cayera en mi muslo.
A partir de ahí no dudé más y lo único que dije fue "voy a lavarme los dientes". Y eso hice. Fuí directamente a lavarme los dientes y ni siquiera me importó el hecho de que el cepillo estuviera húmedo aún, que estuviera lleno de semen en todas mis partes privadas ni que incluso manché de mis jugos mi playera o que no traía nada que me cubriera todo ello.
Terminando de lavarme intensamente cada rincón de mi boca, me dirigí hacia el cuarto del inodoro para secuestrar el rollo de papel y limpiarme. Me subí el traje de baño, me puse una camisa de resaque y salí casi corriendo del lugar. Quería llorar, quería decirle a alguien todo lo sucedido, quería bañarme, quería irme a mi casa, pero no lo hice porque pensé que mis amigos sospecharían de algo si no me aparecía (aunque suelo perderme por ahí o quedarme embobado con algo sin avisar).
Los busqué por la alberca, donde sólo encontré a unos del salón embriagándose, y por los campos, hasta que me dirigí hacia los toboganes y me los encontré. Puse la excusa de que andaba por ahí de perdido y, aunque no me creyeron totalmente, tampoco sospecharon de que había hecho tal cosa, ni siquiera porque el tipo venía justo detrás de mi.
A partir de entonces, dicho viaje pasó de ser un escape de la realidad a la realidad misma. Quería volver a mi casa inmediatamente a llorar a mitad de la noche en mi clóset con mi música depresiva. Se lo conté todo a una amiga porque descubrió que estaba muy mal y, a pesar de que confío en ella, siento que ella no era la persona indicada para saberlo. Intenté embriagarme, pero no pude porque sentí que terminaría gritándolo todo. No dormí en mi cama ninguna de las tres noches que estuve ahí y evité estar cerca de él en todo momento. Sólo iba a mi cuarto para bañarme, cambiarme, sacar cosas o cuando había otras personas ahí. Recuerdo que una vez salí de bañarme y me metí al cuarto principal para cambiarme y mientras me estaba secando entró él. Y me volvió a ver desnudo. Pensé que iba a querer más, pero creo que me equivoqué, aunque reaccioné de tal manera que casi salto hacia abajo de la cama para huír de él.
¿Acaso me arrepiento de todo esto? Sí. Tengo que reconocer que ahora tengo un poco más de experiencia con respecto a eso, pero definitivamente es lo único de lo que me arrepiento.
Finalmente les dejo un par de pensamientos. Primero quiero decirles que lo que importa (en una relación, en el sexo o en lo que sea) es la persona. No importa que sea un experto en la cama si no lo amas. No importa que tenga un pene descomunal si es de una persona que no te quiere o que tú no quieres. Nada vale un abrazo si ninguna de las dos personas lo siente. Sé que ya lo había mencionado, pero es la pura verdad.
También dejen decirles que tengan cuidado. No conviene disfrutar cinco minutos por una vida entera arruinada (y tu salud mental o física). Y no vale la pena arriesgar todo por una persona que no vale la pena. Tengo la fortuna de seguir guardando ese beso para aquella persona ideal. Tal vez me perdí de mucho, pero para mis adentros, gané la posibilidad de que ese beso (si es que algún día sucede) ocurra en un momento mágico y verdaderamente memorable. Con alguien que ame.
A eso se refieren las personas cuando hablan de amor. A compartir todo con esa persona. Con la indicada.
Quedó con su pene erecto a metro y medio de distancia. No podía creerlo porque siempre había querido ver uno real, no otro como aparecían en aquellas páginas de internet que abría cuando nadie me veía. Quería verlo de un poco más cerca e incluso quería saber lo que sentiría al tocarlo, pero pensé las cosas y me controlé lo suficiente como para girar mi cabeza hacia la televisión.
Entonces me dijo que le enseñara el mío. La verdad eso sí que no quería hacer, puesto que, no sé, no quería hacerlo y le dije que yo no era gay, resultando en otro de los momentos menos sinceros de mi vida, y ya había tenido uno unos minutos antes.
En ese momento me puse a meditar lo que hacía brevemente, dudo que antes haya razonado de una forma tan rápida. Había una parte de mí que durante todo ese rato (e incluso hasta después de hacerlo) me dijo que estaba mal, sin embargo escuché a aquella parte que me dijo que sólo por una vez hiciera algo que valiera la pena contar u ocultar, algo de lo que podría escribir algún día, que viviera por una vez en la vida.
Pensando todo eso al mismo tiempo y más me bajé el traje de baño y le enseñé mi erección, a lo que él respondió masturbándose mientras miraba mi pene. Tengo que decir que la expresión en su rostro es algo que nunca había visto, ni en las escenas más fuertes de pornografía, pues todo en su cara denotaba lujuria. Absolutamente todo.
Cada vez me sentía más incómodo, por lo que decidí dejarme llevar un rato, aunque no pude fácilmente. Entonces decidí observarle su pene. Él era muy blanco, al igual que su 'cosa' y se le veía aún más blanca porque se había quitado el vello de esa zona. Ahí fue cuando se me ocurrió que diciendo alguna tontada podría zafarme de eso y le pregunté que si estaba circundado. La respuesta es lo único que no recuerdo de ese momento, pero él seguía acariciando su 'herramienta', sólo que ahora lo hacía de una forma suave y no frenética como cuando dí a conocer mi pene.
El fin del mundo llegó para mi cuando sentía que debía masturbarme. Nunca había tenido tantas ganas de hacerlo y sentía que iba a eyacular en cuanto me la tocaría, pero no fue así, y digo eso porque comencé a masturbarme suavemente, como él estaba haciéndolo.
Entonces se levantó y se sentó a mi lado y comenzó a acariciarme eso. Se sentía diferente a lo que había sentido antes cuando estaba yo sólo. Se sentía algo más, algo diferente, y yo quería ver cómo se sentía tener en mis manos algo diferente también, por lo que empecé a hacerle lo mismo. Ahí cometí el principal error. Si no lo hubiera hecho y me hubiera ido no hubiera sucedido nada, pero ahora daba a entender con esa acción que yo quería lo que él también quería, pero dejé de pensar en eso cuando el me dijo que si yo quería hacerle "una mamada", pero como titubeé y no respondí, él acercó su cabeza a mi pene hasta tenerlo a un par de centímetros y preguntó que si quería yo una, a lo que tímidamente respondí que sí.
No sé si fuí yo en realidad quien aceptó dicha propuesta o si fue mi mitad oscura, mi parte malvada o simplemente mi adolescente calenturiento interior, pero en cuanto escuchó una palabra salir de mi boca, él comenzó a succionar mi pene como si fuera una paleta. Fue una de las sensaciones más intensas que había sentido hasta aquel momento y mentiría si dijera que no me gustó y me sorprendió que no 'terminara el trabajito' dentro de su boca.
Entonces se levantó un poco y yo me dirigí a regresarle el favor. El se sentó y se acomodó y yo me puse de rodillas, incado frente a él. Observé por unos instantes sus brazos, su pecho y su estómago (que a diferencia mía, él sí tenía buen físico) y su zona más íntima. Observé su pene y sus testículos durante unos segundos hasta que comenzé poniendo su pene en mi boca y comencé a hacerle sexo oral. Tengo que admitir que me gustó eso también. Era otro tipo de sensación, muy diferente pero placentera sin estimular mis partes erógenas. Tenía miedo de que llegara a eyacular, puesto que no me parecía nada agradable eso, pero yo continué hasta un rato, cuando me acosté en ese mismo colchón y le dije que se pusiera sobre mí, por lo que ambos estábamos haciéndole 'el paro' al otro.
Y así pasó durante un rato cuando tocaron la puerta. Lo que hice inmediatamente, en cuanto escuché el primer sonido, fue subirme el traje de baño (con erección y todo) y me encerré al pequeño cuarto donde estaba sólo el inodoro, un basurero y un rollo de papel higiénico. Resultó ser un amigo que había vuelto por sus maletas, pues ya les habían entregado la llave. Me saludó desde donde yo estaba, temblando y tratando de controlar mi pulso y me despedí de él. Duró lo que yo sentí que fueron miles de horas. Yo ya quería salir de ahí y volver a mi casa o irme corriendo hasta la alberca y ahogarme allí dentro, pero no podía porque la erección seguía igual y no quería que otra persona supiera sobre eso.
Cuando al fin se fué, seguí ahí dentro, sólo con el inodoro y el rollo de papel, pero él me preguntó que si ya había terminado. Con esas exactas palabras. Y no sabía si se refería a terminar de hacer del baño o terminar de eyacular, pero salí con la erección todavía y fuí directo hacia el sillón a terminar lo que había empezado ya, y después de un rato más de estar en la posición anterior comencé a pensar que eso estaba mal. Digo, se sentía físicamente bien a pesar de tener un pene en mi boca, sentir que estaba arriba de mí y sólo poder ver parte de su trasero, pero eso no estaba bien para mí. En ese entonces todavía seguía aferrado a la idea de que me gustaban las mujeres, pero eso fue sólo eso, una idea. Recuerdo haber pensado en la mujer que había conocido durante el examen de admisión de mi escuela actual y recuerdo que platiqué mucho con ella y me hizo sentir bien, pero también recuerdo que en ese mismo momento imaginé a mis padres viéndome en ese momento, a todos enterándose de lo que estaba haciendo y a mis amigos dejar de hablarme. Incluso llegué a imaginarme en un hospital donde iba a recoger unos resultados de sangre que indicaban que tenía VIH-SIDA. Eso me espantó pero continué.
Después de otro rato y mucha incomodidad él me dijo lo siguiente en éstas horribles palabras para mis oídos (en ese entonces, repito): "¿Te la meto?". Lo único que pude hacer es quedarme callado. Entonces me pidió con la misma expresión que yo lo penetrara y después de reaccionar dije que no llevaba condones y que no estaba seguro. Él me contestó que no lo había hecho con nadie y de forma insegura terminé aceptando.
Me senté y él se puso de espaldas a mi y hizo como si fuera a tomar asiento. Entonces 'puse mi cosa en la entrada' pero no podía. Intenté hacerlo pero simplemente no pude y rápidamente le dije que no quería, por lo que me empujó con tal de que cayera acostado y se puso detrás de mi con tal de penetrarme, pero agradezco que tampoco haya podido hacerlo y también agradezco que hayan vuelto a tocar en la puerta para que dejara de intentarlo.
Otra vez me puse el traje de baño en un milisegundo, pero ahora corrí hacia donde estaba la regadera y el lavamanos e instintivamente cerré la puerta con seguro y la ventana y dejé que el agua corriera por la regadera, aunque no me metí. Resultó sel el mismo compañero, sólo que esta vez había olvidado algo por ahí y de nuevo me saludó y se despidió de mi a través de las paredes. Dijo que no nos tardaramos porque llevabamos mucho rato y que nos esperaba en la alberca, y tras otro milenio se terminó llendo.
Ahora volví mas pronto que antes, en parte porque no tenía lugar donde sentarme y porque se estaba humedeciendo todo el cuarto por la regadera. Cuando regresé ala sala, él estaba en el otro colchón bajándose los shorts de alberca para masturbarse y me senté en el otro colchón. No quería seguir intentando tener sexo y decidí que la única forma de acabar con todo eso era eyacular, así que me bajé mi traje de baño y me masturbé. Recuerdo que hacía mucho tiempo que no expulsaba tanto semen, pero no me pareció el momento indicado para ello y recuerdo la expresión de placer que tenía cuando 'terminé'. Hizo una cara que a la fecha me da pesadillas y entonces él hizo lo mismo y aunque no eyaculó lo mismo, saltó lo suficiente como para que un poco cayera en mi muslo.
A partir de ahí no dudé más y lo único que dije fue "voy a lavarme los dientes". Y eso hice. Fuí directamente a lavarme los dientes y ni siquiera me importó el hecho de que el cepillo estuviera húmedo aún, que estuviera lleno de semen en todas mis partes privadas ni que incluso manché de mis jugos mi playera o que no traía nada que me cubriera todo ello.
Terminando de lavarme intensamente cada rincón de mi boca, me dirigí hacia el cuarto del inodoro para secuestrar el rollo de papel y limpiarme. Me subí el traje de baño, me puse una camisa de resaque y salí casi corriendo del lugar. Quería llorar, quería decirle a alguien todo lo sucedido, quería bañarme, quería irme a mi casa, pero no lo hice porque pensé que mis amigos sospecharían de algo si no me aparecía (aunque suelo perderme por ahí o quedarme embobado con algo sin avisar).
Los busqué por la alberca, donde sólo encontré a unos del salón embriagándose, y por los campos, hasta que me dirigí hacia los toboganes y me los encontré. Puse la excusa de que andaba por ahí de perdido y, aunque no me creyeron totalmente, tampoco sospecharon de que había hecho tal cosa, ni siquiera porque el tipo venía justo detrás de mi.
A partir de entonces, dicho viaje pasó de ser un escape de la realidad a la realidad misma. Quería volver a mi casa inmediatamente a llorar a mitad de la noche en mi clóset con mi música depresiva. Se lo conté todo a una amiga porque descubrió que estaba muy mal y, a pesar de que confío en ella, siento que ella no era la persona indicada para saberlo. Intenté embriagarme, pero no pude porque sentí que terminaría gritándolo todo. No dormí en mi cama ninguna de las tres noches que estuve ahí y evité estar cerca de él en todo momento. Sólo iba a mi cuarto para bañarme, cambiarme, sacar cosas o cuando había otras personas ahí. Recuerdo que una vez salí de bañarme y me metí al cuarto principal para cambiarme y mientras me estaba secando entró él. Y me volvió a ver desnudo. Pensé que iba a querer más, pero creo que me equivoqué, aunque reaccioné de tal manera que casi salto hacia abajo de la cama para huír de él.
¿Acaso me arrepiento de todo esto? Sí. Tengo que reconocer que ahora tengo un poco más de experiencia con respecto a eso, pero definitivamente es lo único de lo que me arrepiento.
Finalmente les dejo un par de pensamientos. Primero quiero decirles que lo que importa (en una relación, en el sexo o en lo que sea) es la persona. No importa que sea un experto en la cama si no lo amas. No importa que tenga un pene descomunal si es de una persona que no te quiere o que tú no quieres. Nada vale un abrazo si ninguna de las dos personas lo siente. Sé que ya lo había mencionado, pero es la pura verdad.
También dejen decirles que tengan cuidado. No conviene disfrutar cinco minutos por una vida entera arruinada (y tu salud mental o física). Y no vale la pena arriesgar todo por una persona que no vale la pena. Tengo la fortuna de seguir guardando ese beso para aquella persona ideal. Tal vez me perdí de mucho, pero para mis adentros, gané la posibilidad de que ese beso (si es que algún día sucede) ocurra en un momento mágico y verdaderamente memorable. Con alguien que ame.
A eso se refieren las personas cuando hablan de amor. A compartir todo con esa persona. Con la indicada.
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