02 octubre, 2013

Viéndole el trasero.

Recuerdo el momento. Era miércoles y estaba en una escuela secundaria en mi semana de prácticas. Normalmente me comporto cuando voy ahí --refiriéndome al plano amoroso--, pues me parece totalmente incorrecto ir a ligar a una secundaria siendo que ya tengo dos décadas de vida en este maldito planeta, aparte de que veo como unos niños a los adolescentes de preparatoria y como bebés a los de secundaria. Nada que llame mi atención y así es como ha sido, es y será durante el resto de mi vida. Más que ser actos totalmente incorrectos, está bastante mal y debo mantener una actitud completamente profesional. Claro, cuando hay algún visitante de mi edad me limito a deleitarme con la mirada un rato con la mayor discreción posible.
Eso sucedió aquel jueves. Iba saliendo de la dirección de la escuela con mis compañeros de prácticas y se respiraba un aire de hormonas adolescentes, planillas estudiantiles y sudor. Había mucho ruido que provenía de un sonido rentado especialmente para que los alumnos bailaran en la cancha de baloncesto como si fueran al antro cada fin de semana, los trabajadores estaban sentados a los lados mientras discutían lo que tenían enfrente y eventos varios y mi cara de agotamiento se comenzaba a notar. Había terminado mi día, al fin. Me encanta ir a dar clases porque siento que me revitaliza minuto a minuto, pero el cansancio comenzaba a ceder. Claro que olvidé todo eso cuando veo que, sentado junto a dos maestras de educación especial, está un chico sin uniforme, aparentemente de mi edad.
Era bastante guapo y lo podía notar desde donde estaba de pie, a pesar de que estábamos separados por el patio cívico. Llevaba una playera un poco ajustada, como las que se usan últimamente. Sus pantalones marcaban sin celo la figura de su bello trasero y tenía una expresión seria y algo severa en su rostro. Bastante atractivo como para protagonizar una de mis historias que tengo pendientes por ahí, pero claro que no ejecuté acción alguna. De así serlo, me hubieran expulsado de ahí, de la escuela y puede que hasta del país y me gusta la carrera lo suficiente como para dejar que se vaya al caño por una estupidez como esa.
Entonces llegó octubre, el mes del otoño (aunque ya llevemos siete días viviendo en esa estación del año). Por si no lo saben, una de las cosas que más me avergüenza admitir de mi ser es que uno de mis pasatiempos predilectos es pasar mis horas libres buscando perfiles de facebook por aquí y por allá, llegando a darme cuenta de detalles íntimos y secretos que no son tan íntimos ni secretos una vez que decides publicarlos en una página tan estúpidamente pública como lo es facebook.
El turno ahora fue de una amiga con quien fui a prácticas y entre unas cosas encontré, en el perfil de uno de sus alumnos, una fotografía de tal estudiante con el chico atractivo. Fue un caos llegar al perfil del chico atractivo, más que nada porque el alumno de mi amiga al parecer no le encuentra utilidad a la función "etiquetar" de facebook, pero milagrosamente llegué a la tierra prometida, a la página buscada, al perfil del chico atractivo... sólo para encontrarme con que es un chico de dieciséis años.
No sabía que tantas cosas pudieran pasar por mi mente en cuestión de segundos. "¡¿Cómo te atreviste a pensar así de un niño?! ¡¡Eres un pervertido, degenerado maldito!! ¡¡¡TIENE DIECISÉIS MALDITOS AÑOS EL INFANTE HIJO DE P*TA Y TÚ VIÉNDOLE EL TRASERO!!!" Sobra decir que aún tengo una sensación de asco en mis cinco sentidos y en mi mente está un ser omnipotente castigándome dura y merecidamente.
Ese no ha sido el único evento relacionado con cuestiones de atracción amorosa hacia otros chicos en los que me he visto involucrado en los últimos días, pero cabe resaltarlo porque es el único que en verdad me ha hecho sentirme como la mierda. Feliz octubre a todos. Carita feliz.

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